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Recogiendo la invitación del papa Francisco, la XXVI Jornada Mundial de la Vida Consagrada lleva por lema «Caminando juntos». La Iglesia celebra esta Jornada el día 2 de febrero coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor.

Para la vida consagrada, la invitación a andar juntos supone hacerlo en cada una de las dimensiones fundamentales de la consagración, la escucha, la comunión y la misión. Caminar juntos en la consagración significa ser conscientes de la llamada recibida, la vocación compartida y la vida entregada. En el fondo, supone darse cuenta de que a Dios sólo se le encuentra caminando.

Caminar juntos en la escucha de la Palabra de Dios. Este camino común para encontrar a Dios sólo se puede hacer desde la escucha, que es otra de las claves fundamentales de la sinodalidad. La vida consagrada, que nace de la escucha de la Palabra y acoge el Evangelio como norma de vida, puede ser considerada «como una «encarnación» de la misma Palabra de Dios escuchada, meditada e interiorizada».

Caminar juntos en la comunión. Los consagrados estamos llamados a estar en la Iglesia y en el mundo «expertos en comunión». Esta comunión debe manifestarse, ante todo, con Dios, amando sobre todas las cosas; además con todos aquellos que en la experiencia cotidiana comparten vida, oración y misión. Por último, la comunión se extiende a toda la humanidad necesitada de curar heridas y curar llagas.

Caminar juntos en la misión supone reforzar la corresponsabilidad y el compromiso en la misión de la Iglesia local, cada uno aportando sus dones, sin perder nunca de vista la disponibilidad en la Iglesia universal. Esta misión que debe llevarse adelante en comunidad misionera se traduce en múltiples formas, ya sea desde la oración del claustro, la liturgia de la parroquia, la habitación del hospital, la clase de la escuela o el encuentro a pie de calle. Los consagrados, cada uno con sus dones y carismas, contribuimos a enriquecer la misión de la Iglesia.

Estamos convencidos de que ese tiempo sinodal es un tiempo de gracia y un tiempo del Espíritu. Animo a todos los consagrados a fortalecer su consagración viviendo ese momento como una oportunidad de encuentro y proximidad con Dios y los hermanos.

Hna. Isabel Górriz,
delegada diocesana para la vida consagrada

Artículo publicado en la Hoja dominical de 30 de enero de 2022 (n. 3751)

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