Recordamos una imagen que nos impactó sólo llegar a Tortosa. Bajábamos del autobús y muchos jóvenes con la camiseta del Aplec había llenado el patio del Seminario, y aún estaban llegando más! ¡Cuántos jóvenes! Y es que fuimos más de mil jóvenes que nos reunimos ese fin de semana bajo el lema de «Cristo es la Vida». Y es que el Aplec es una oportunidad para compartir la fe con jóvenes de todas las edades y de todos los obispados y es, también, una muestra que hay muchos jóvenes que son cristianos y que tienen las mismas inquietudes que nosotros: ¡no estamos solos! Pudimos reencontrarnos con amigos de otras parroquias y también en conocimos nuevos. La alegría había inundado Tortosa.

Este ya ha sido nuestro segundo encuentro y siempre te sorprende. Esta vez el Aplec ha durado dos días y, por tanto, tuvimos momentos para todo. Sin duda uno de los momentos que más nos marcó fue el sábado por la noche después de cenar. DJ Nira inició la noche con música muy potente y actual. Worship Central, una banda cristiana del Reino Unido, tomó el relevo. Cantamos, alabar y orar a través de la música. Mirar alrededor y ver todos los jóvenes orando juntos fue impresionante. Pero aún lo fue más cuando, terminado el concierto, de un momento para el otro se hizo un silencio sepulcral y todo el mundo se arrodilló. Era el momento de la adoración, de la oración final. Se creó en el ambiente una paz indescriptible, Cristo era entre nosotros. Una de las cosas que más nos ha sorprendido es cómo han integrado la fiesta con la oración. Este encuentro fue una lección de cómo pueden ser compatibles las dos cosas, de cómo la Iglesia también puede adaptarse a la sociedad y los jóvenes de hoy en día.

Nosotros, al ser jóvenes universitarios, tuvimos la suerte de poder conocer testigos con historias increíbles que han encontrado su vocación. Este fue un momento muy especial. Peter tuvo una infancia dolorosa al ser abandonado. Pero todo fue cambiando cuando conoció Dios y sus heridas comenzaron a sanarse. Nos impactó como nos hablaba de Dios, con una certeza y un amor palpable. Pudimos sentir el Amor de Dios a través de ella, un amor que desborda, y consiguió despertar en nosotros muchas inquietudes.

Después de todo lo vivido, poder renovar las promesas del bautismo fue un regalo. Reafirmamos nuestra fe convencidos y dejamos que el Espíritu intercediera en nuestras vidas. Cargamos pilas y nos fuimos del Aplec bien renovados.

Fe, amistad, alegría, oración, testimonio, fiesta, música, descubrimiento y Cristo. Con estas palabras podríamos sintetizar, pues, lo que ha sido un fin de semana lleno de emociones y de celebración en el día de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, que deseamos que nos dé la fuerza para vivir la fe y por transmitirla.

Damos gracias por haber podido vivir esta experiencia y vivir de primera mano como Cristo es la vida y es el camino. Y esperamos que en 4 años podamos volver y con más jóvenes!

Gonzalo Baltà Foix y Sara Huguet Puig,
jóvenes de la Parroquia de San Juan Bautista de Reus

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