El  miércoles 3 de octubre comenzó el Sínodo de Obispos sobre la juventud. Netflix, Spotify, selfie, influencer, trap, etc. Cuando la Iglesia escucha el mundo de los jóvenes a menudo le coge vértigo. Recuerdo un grupo de sacerdotes a los que presentamos esta lista de términos juveniles, y al terminar nos confesaron que se habían sentido como hombre de neandertal.

Pero no nos engañemos. Los nombres varían. En mi época eran Gun s & Roses, Sensación de vivir, Bollycao, casete, etc. Y años antes Naranjito, los Beatles o Los Pecos. Cada época tiene su cultura juvenil que, aunque siempre hay nostálgicos, gracias a Dios va cambiando.

Pero hay algo que no cambia. Los jóvenes de hace 20 o 10 años, como los de hoy, como los de aquí a 30 años no dejarán de pedir el mismo: ser escuchados. Pero qué significa escuchar a los jóvenes?
Escuchar los jóvenes no significa sólo saber todo lo que les gusta; no podemos volver a ser jóvenes. Escuchar los jóvenes tampoco quiere decir sí a todo lo que piden; no siempre podremos o será bueno para ellos. Escuchar los jóvenes tampoco es una táctica para saber qué quieren y hacer que consuman nuestro producto; esto lo hacen las multinacionales.

Todo esto quizás lo tendremos que hacer, pero la razón por la que los queremos escuchar va más allá. Escuchar a los jóvenes significa detenerse, y dejar que hablen. Interesarse por ellos. A menudo no tendremos la respuesta a sus preguntas. Pero quizás tampoco lo están pidiendo. ¿Por qué, pues, quieren ser escuchados?

Este Sínodo de Obispos sobre la juventud no sabemos qué resoluciones ofrecerá. Difícilmente dará recetas mágicas. Pero habrá hecho algo que todo joven en el fondo agradece. Cuando un joven se siente escuchado, descubre que es importante para alguien. Que alguien lo tiene en cuenta y que su vida tiene un valor. Dios se ha hecho uno de nosotros para escucharnos y decirnos que somos importantes en sus ojos. Que nuestra vida tiene un sentido.

Sólo por eso ya habrá valido la pena el Sínodo.

Y no tenemos nada que decir, la Iglesia a los jóvenes? Y tanto. Dios tiene una palabra para cada joven, y esta palabra es Jesús. Pero no lo escucharán si antes no los escuchamos, y no sabemos qué les preocupa, que sueñan, que los hace sufrir, qué esperan. No anunciamos Jesús a los jóvenes para que la media de edad en las parroquias es de 65 años.

Lo hacemos porque los queremos, y porque estamos convencidos de que Jesús es la única palabra que siempre valdrá la pena ser escuchada y que nunca pasará de moda. Oremos por los frutos de este Sínodo. El primer fruto ya se ha producido: el mismo Sínodo.

Mn. Bruno Bérchez, delegado diocesano de Juventud del Arzobispado de Barcelona
Artículo publicado en Catalunya Cristiana (7 de octubre de 2018 / n. 2037)

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