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Empecé mi voluntariado a la Hospitalidad en 2003. ¿Qué ha supuesto para mí durante estos años el hecho de viajar a Lourdes y convivir con todos los enfermos y los peregrinos? Primero os diré lo que significa ser voluntario, qué actitud debe tener el voluntario con todo lo que ello conlleva.

El educador social Eduard Sala dice: «Acompañar al otro siempre es pisar tierra sagrada y debe hacerse de puntillas». Son unas palabras muy bien dichas que incluyen toda la actitud y el buen hacer que debe tener un voluntario hacia todas las personas, principalmente todos los enfermos.

El voluntario debe saber escuchar, respetar y comprender el enfermo con todo lo que conlleva. Hay unas palabras que debe tener como lema principal: compartir, amar y ser solidarios con el que más lo necesite. Esto es primordial en todos los momentos en que se pueda encontrar con el enfermo. Estos sentimientos son la base de un buen voluntariado. Tener empatía, ponerse en el lugar del otro. Hay también un sentimiento incuestionable que es acompañar al enfermo desde el amor y para el amor, o sea amando y dando.

Lo primero que me cautivó de Lourdes es la fe con la que se va, un sentimiento que se palpa incluso en el aire que se respira en este Santuario. Un grupo de personas en Lourdes decíamos: «Cuántas alegrías hemos visto aquí con los enfermos, son felices, pero también ¡cuantas lágrimas! Lourdes tiene eso tan particular: la fe en todos los sentidos y el hecho de buscar también respuestas a tantos problemas personales. Cuando volvemos decimos: «Ya tenemos fuerza para emprender todo el año en este sentimiento hacia la Virgen».
Llevamos enfermos que hace años que vienen, ellos se sienten felices. Ir a las piscinas con ellos es un sentimiento inexplicable, sólo ver su cara de emoción hacia María es único. Lourdes da, nos da a todos, un mensaje de esperanza y seguridad, de fe y de amor.

Aprovechando este testimonio me gustaría añadir sólo un pequeño comentario de mi voluntariado los Camilos, simplemente para animar a muchos a hacerse voluntarios. Estoy en la residencia y también en paliativos. En este lugar te das cuenta de la necesitat de las personas en este momento de su vida. En el acompañamiento recibes mucho más de lo que das. Os contaré uno de tantos casos en que te puedes encontrar. Una chica enferma terminal me dijo: «Yo sé una poesía de mí abuelo que ya se murió, yo no lo conocí, pero cuando lo encuentre en el cielo la recitaré». Esto puede hacer ver la importancia que tiene el voluntario para cualquier persona que lo necesite tanto en la Hospitalidad de Lourdes como en cualquier otro lugar.

                                                               Joan Cunillera Jané,
voluntario de la Hospitalidad diocesana de la Nuestra Señora de Lourdes

Testimonio publicado en el Full Dominical del 28 de julio de 2019 (3.620)

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