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El Octavario de Oración por la Unidad de los cristianos cada año nos hace tomar conciencia de la separación de las Iglesias cristianas. Es un dolor y una esperanza. La Iglesia está unida en el corazón de Jesús y en la comunión de los Santos pero en el mundo está dividida. La Iglesia ya era «la católica» el día de Pentecostés y lo será plenamente en su consumación en la gloria. Los cristianos llevamos el dolor de la separación y sabemos que no es este el testimonio que debemos dar ante el mundo. El dolor provoca la esperanza y la nostalgia de la unidad y porque tenemos esperanza oramos. El fundamento de la oración cristiana es la esperanza. La oración por la unidad de los cristianos nos pone ante lo humanamente imposible, pero justamente por eso rezamos, pues para Dios «no hay nada imposible» (Lc 1:37). La oración común pone todas las Iglesias cristianas bajo la mirada de Dios y, sintiendo su mirada, debemos avanzar juntos los unos hacia otros. Que estemos separados no nos dispensa de que no nos amemos intensamente unos a otros. Que estemos separados no implica que no reconozcamos los dones que las otras Iglesias han recibido, de lo contrario las consideraríamos indignos de recibir los dones de Dios. Los católicos miramos con un gran amor las santas Iglesias de Oriente, que han conservado la sucesión apostólica y han conocido la persecución de regímenes totalitarios y de fundamentalismos religiosos. Con afecto miramos también a las comunidades tan diversas, son fruto de la Reforma luterana y calvinista, fieles a la predicación de la Palabra y admiramos la familiaridad de nuestros hermanos con la Escritura. También queremos y rogamos por la Comunión Anglicana y nos alegramos de la iniciativa, programada para este año, de la visita apostólica que conjuntamente harán el Papa Francisco y el Arzobispo de Canterbury en Sudán.

El Papa Francisco nos invita de avanzar juntos, unos al lado de otros y propone cinco caminos por los que podemos caminar juntos: el testimonio común, la oración, la causa común a favor de la justicia y de los más pobres, conocerse mutuamente, el compromiso a favor de la creación en una ecología integral. En una sociedad donde de manera vertiginosa se hace presente «la cultura del gran vacío» las Iglesias cristianas tienen el deber de aportar la riqueza de su humanismo y el Evangelio de Cristo. También el testimonio de la fe en el Dios vivo como plenitud y sentido de toda persona humana. Amor infinito que crea y salva.

El trabajo ecuménico es arduo, paciente y fiel. Aunque ralentizado con tantas dificultades es un camino irreversible. Nunca volveremos atrás. Los cristianos no podemos andar por caminos de división, siempre de unión. Nos une el mismo bautismo, la misma profesión de fe en Dios Trinidad. Nos empuja el mismo Espíritu.

Plegarias ecuménicas en la diócesis

Con motivo de esta Semana se han convocado dos plegarias: el miércoles día 22 de enero, a las 20.00 h, en la iglesia parroquial de Sant Pau de Tarragona; y el sábado, día 25 de enero, también a las 20.00 h, en la iglesia prioral de Sant Pere Apòstol de Reus.

Mn. Rafael Serra.
Doctor en teologia.

Artículo publicado en la página de religión del Diario de Tarragona el sábado día 18-01-20

 

 

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