Coincidiendo con la solemnidad del Corpus —el Día de la Caridad—, Cáritas Diocesana ha presentado la Memoria anual 2020. La crisis social y económica derivada de la Covid-19 ha hecho crecer las desigualdades y ha agravado la situación de muchos colectivos. Desde Cáritas se piden políticas públicas de ámbito laboral, fiscal y de vivienda inclusivas y justas para todos. La Memoria se puede consultar en la web caritasdtarragona.cat

Entrevistamos a Salvador Grané, director de Cáritas Diocesana.

—¿Qué destacaría de la Memoria anual 2020?

El año 2020 será el año de la pandemia. Con la Covid-19 hemos oído hablar de olas, la primera, la segunda, la tercera …, de datos infinitos, de los enfermos, de los muertos, de restricciones … Desde Cáritas hemos visto también otras oleadas: una grande y repentina ola de necesidades de personas y de familias, y una fuerte ola de solidaridad de la gente y de las empresas, con una buena coordinación y ayuda de las administraciones públicas. En medio de las olas Cáritas no ha cerrado, los voluntarios y profesionales hemos seguido acompañando a las personas vulnerables.

La ola de necesidades ha afectado a la población que ya se encontraba en situación de exclusión social, que ha visto agravada su vulnerabilidad, pero también de forma sobrevenida ha puesto en aquella situación a otras personas que no lo estaban, un hecho vinculado sobre todo a la pérdida de puestos de trabajo.

—L las personas atendidas, pues, han debido aumentar exponencialmente…

La pandemia lo ha cambiado todo respecto al año anterior. La emergencia en su inicio obligó a cubrir las necesidades básicas de estas personas y familias en circunstancias excepcionales de confinamiento y restricciones. Se hizo la distribución de alimentos, de tarjetas monedero y de ayudas económicas para suministros y vivienda. El Programa de necesidades básicas aumentó su actividad hasta un 50% de media.

La falta de muchas personas voluntarias habituales de Cáritas, que por edad y condición de riesgo no podían participar, se suplió con la participación de nuevos voluntarios y voluntarias que en todo el 2020 han sido de 1.503 personas. En los meses iniciales la cifra de atenciones se dobló, luego se ha estabilizado, por lo que en un conjunto del año 2020 hemos incrementado un 33% la actividad, con 8.236 hogares atendidos y 21.329 personas beneficiadas. Pero las necesidades derivadas o agravadas por la pandemia ha tenido muchas más. Las cifras a menudo no lo explican todo, porque por delante de las cifras están las personas y su sufrimiento es inconmensurable.

—¿Cuáles son ahora mismo las prioridades de Cáritas Diocesana?

La incertidumbre, la precariedad y la desazón se ha instalado en muchos hogares. Por un lado, la necesidad de apoyo emocional y acompañamiento personal de muchos colectivos que se han encontrado solos durante la pandemia por la dificultad de interacción personal. En concreto el programa de atención a la gente mayor se ha desplegado en otros municipios, en colaboración con ayuntamientos y entidades locales, porque en la pandemia todos hemos visto que la gente mayor ha sido la principal víctima de la Covid-19, con la mayoría de muertes y con afecciones de otros tipos. El acompañamiento personal es muy importante para las personas mayores.

La atención a las personas sin hogar en Tarragona y en Reus se ha mantenido durante el 2020, adaptando el servicio a las restricciones sanitarias establecidas y se ha abierto un nuevo centro de día.

El descenso de la actividad económica con consecuente pérdida de puestos de trabajo (el 80% de los participantes de Cáritas están en paro) nos lleva a incrementar también los programas de formación idiomática, digital y de capacitación sociolaboral con el objetivo de dar más herramientas para la autonomía personal y económica de las personas en riesgo de exclusión social.

Finalmente, hemos incrementado el programa de acompañamiento y regularización de las personas migrantes, para que consigan todos los derechos de ciudadanía que les corresponden.

—La pandemia ha afectado a la situación económica de muchas personas. ¿Este hecho ha repercutido en las donaciones hacia Cáritas?

Es cierto que la pandemia ha afectado a la situación económica, pero como he dicho la gente ha sido generosa y las donaciones de personas y empresas se han incrementado un 13% y se lo agradecemos de todo corazón. Sin embargo, hemos tenido un resultado económico negativo por el incremento de la actividad que ha generado la pandemia.

¿Y a partir de ahora?

¡Nosotros vemos que la crisis de la Covid-19 continúa! Han crecido las desigualdades y se ha agravado la situación de muchos colectivos, incrementando la precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda y, en definitiva, la falta de horizontes vitales. La solidaridad y el compromiso son muy importantes, pero no basta con eso. Necesitamos que se reactive la economía y hay que adoptar nuevas políticas públicas de ámbito laboral, fiscal y de vivienda inclusivas y justas para todo el mundo. ¡Nosotros confiamos!

Entrevista publicada en el Full Dominical del 6 de junio de 2021 (n. 3717)

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