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Un grupo de ranas iban por el bosque y pasaron cerca de un pozo. Dos cayeron y las que estaban arriba lamentaron la suerte y les decían que era tan fondo que no podrían salir, es inútil el esfuerzo, decían. Una, tras probarlo varias veces, se rindió y murió; la otra seguía probándolo cada vez con más fuerza, tanto que al final logró salir. Y cuando era arriba le dijeron: ¿entendías lo que te decíamos? Ella respondió: soy sorda, ¡pensaba que me animábais!

Hacemos proclamas de lo importante que es conocer la realidad, estar bien informados y sólo después podremos reaccionar justamente. Cierto. Ahora bien el empacho que puede producir tanta información obliga a elegir qué canales hacemos nuestros. Consciente de que no lo podemos saber aunque hay muchos matices debemos priorizar donde conectamos. Hay informaciones contaminantes, negativas, que condenan y bastante: crean desánimo. En estos momentos hay que hacerse el sordo. Clarísimo, girar página y buscar quien explica bondades, realiza promesas y ofrece un crecimiento integral.

La novedad convoca y la deseamos. Hay una Buena Noticia, la del Evangelio que todavía es Nuevo porque no acaba de llegar dentro de cada uno. Abrirse sinceramente a Dios es abrirse a los hermanos. Escuchar Dios es escuchar el sufrimiento y las alegrías de los otros.

Hacerse sordos al maligno es dejar de lado el pesimismo y el miedo. Hacer caso del mal, recrearse repitiendo las malas noticias es cosa del maligno. Vencer el mal con el bien significa saber conectar donde pueda reconocer las buenas noticias, ser creadores de esperanza y escuchar todo el bien de Dios que se nota cuando miras con fe. Destruir la alegría, es pecado. El diagnóstico negativo desanima. Todo lo que frena la esperanza exige revisarlo.

Necesitamos regenerar el medio donde nos encontramos lleno de falsas noticias. Cuando estamos atentos a la belleza de la creación y del buen hacer de muchísima gente hacemos caso al grito bíblico «Escucha, Israel…». Dedicar tiempo a escuchar y liberarse del bullicio para poder discernir, es un don. Salir de uno mismo, liberarse de las redes sociales que crean como una prisión informativa intoxicada … supone hacer silencio interior y no mentirse: dentro tenemos vida. Y no tendremos miedo de escuchar al otro.

Por lo tanto, hay que escuchar con el corazón, mirar contemplando, creer con alegría, ver lleno de esperanza el sepulcro vacío, descubrir un tiempo de purificación en la crisis eclesial, en el juicio sobre las ideas creer que habrá una futura oportunidad, con los pobres que sólo tienen presente, compartir con ellos nuestro tiempo. Y con los sordos voluntarios tener una alegría paciente.

Escuchar la verdad del resucitado, sin miedo, significa caminar hacia la vida; significa tener la capacidad para poder decir: «Aquí estoy», como la mejor de las oraciones, porque soy don y soy para ser dado.

Estemos atentos! Con el don de la escucha vemos el Resucitado. Encontrarse con Él significa alegrarse y celebrarlo!

                                               Pere Dalmau, pvre.
Artículo publicado en el Full Dominical del 31 de marzo de 2019 (n. 3603)

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