977233412 premsa@arqtgn.cat

Siempre me ha gustado decir que mi vocación ya la tenía desde cuando estaba en el vientre de mi madre, desde el principio, una vocación similar a la de Samuel, ese profeta del Antiguo Testamento que también tiene esta vocación primera que le surge desde muy pequeño. Nos cuenta la escritura que era un acólito del templo, y que estaba al servicio de Elí «En cuanto al joven Samuel, iba creciendo y era grato al Señor y a los hombres» (1 Sam 2,26). Hasta que una noche el Señor lo llamó hasta tres veces, y él no sabía que era la voz del Señor; hasta que finalmente por orden de Elí respondió: «Habla, que tu siervo escucha» (1 Sam 3,10), y él abrió su corazón a Dios, hasta entregarle la vida.

Mi vocación como he dicho al principio va un poco orientada por esta línea; provengo de una familia cristiana, en la que doy gracias a Dios por este don que me ha dado porque desde pequeño he crecido con una educación cristiana, y eso me llevó a hacer la primera comunión, y a empezar a pensar que de mayor quería ser sacerdote, sólo con ocho hacia los nueve años, cuando el resto de amigos se planteaban una serie de aspiraciones, las cuales son típicas para esa edad, que si bombero, que si astronauta, que si profesora, etc.; en definitiva, que chocaba mucho por la edad con lo que yo estaba pidiendo.

A partir de ahí empecé a hacer de monaguillo en la parroquia de mi pueblo, Solivella, que está situado en la Conca de Barberà, y allí se reafirmó más mi convencimiento a ser sacerdote, cada vez que subía al altar anhelaba ser como él. Con los años, me preparé para recibir el sacramento de la confirmación, y la recuerdo como una etapa bonita porque aprendí a orar y a descubrir el Señor dentro de mí.

A los doce años, debido a mi inquietud vocacional, me propusieron entrar en el Seminario Menor de Tarragona, que había reabierto recientemente, acepté la propuesta un poco asustado por lo que podría encontrar, pero con todo, fueron cinco años fantásticos de los que doy gracias a Dios, donde cursé los estudios académicos de la ESO y el Bachillerato. Fueron unos años decisivos, para discernir lo que Dios pedía de mí, y hacer el paso al Seminari Major Interdiocesà, para cursar los estudios que me prepararían para el ministerio sacerdotal.

De ahí el título que he puesto en mi testimonio vocacional, «porque amar es entregarse», pero ante todo, me gustaría girar la proposición y decir lo que he sentido a lo largo de mi vida con mi relación con Dios. Dios entrega su vida por todos y cada uno de nosotros por amor, muere por todos nosotros en la cruz.

En mi caso me he sentido amado desde siempre por Dios y, de alguna manera, he querido devolverle ese amor que él me ha dado; entregando mi vida por Él y por los demás. Es amando, pues, que se conoce a Dios, y es también amando como se conoce al prójimo. Por tanto, pues, habiendo terminado esta etapa del Seminario Menor, y con esta reflexión hecha, decidí continuar el camino para poder seguir dando el ciento por uno mi vida a Dios.

Y es cuando entro en el Seminari Major Interdiocesà en Barcelona, donde llevo viviendo cuatro años más de formación espiritual, intelectual y humana para conocer más a fondo como Dios me quiere y me llama a entregarme.

Esto combinado con la dimensión pastoral de fin de semana en la parroquia de Montblanc, en la que llevo cuatro años conviviendo con los sacerdotes, donde aprendo de manera más «práctica», podríamos decir, eso que decía anteriormente de la entrega por amor a Dios y a los demás.

Os pido que recéis por mí y por el camino que estoy haciendo para que algún día, si Dios quiere, pueda serviros y amaros como hace el Cristo en todos y cada uno de nosotros.

Y aprovechando esta ocasión, con motivo del día del Seminario, no sólo recéis por mí, sino que «rogad, pues, al dueño de la mies», que envíe buenas y santas vocaciones al ministerio sacerdotal en nuestra archidiócesis, «la mies es abundante y los obreros pocos» (Lc 10,2-3).

Finalmente, animo a todos aquellos jóvenes que viven en la incertidumbre de hacer este paso de entregar toda su vida a Dios. El mismo Jesús nos lo dice en su Evangelio, y en concreto a sus discípulos: «No tengáis miedo» (Mt 10,26); Dios pone a cada uno el camino que le corresponde. Los años de Seminario es un tiempo fantástico donde cultivas y haces crecer tu relación amorosa con Cristo y con la Iglesia.

 

Ricard Solé Papiol, seminarista de la archidiócesis
3r curso de Teología

Ús de galetes

Aquest lloc web utilitza galetes perquè tingueu la millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment per a l'acceptació de les esmentades cookies i l'acceptació de la nostra política de cookies . ACEPTAR

Aviso de cookies