Para ayudar, sin mirar a quién.

La Gran Recogida de Alimentos surgió como una respuesta de la sociedad civil (Banco de los Alimentos) a la crisis económica y financiera global iniciada en 2007/2008 con el colapso de la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas de alto riesgo. La Gran Recogida se ha convertido en una campaña fundamental porque permite a las diversas sedes catalanas del Banco de los Alimentos suministrar víveres a las entidades benéficas durante unos tres meses.

El hecho de que tenga lugar en noviembre resulta estratégico porque es cuando han terminado los contratos laborales de verano, también la época turística fuerte, muchos trabajos de temporada se extinguen, las familias van viviendo de los ahorros y la solicitud de ayuda a Cáritas y otras entidades sociales aumenta. De hecho, en Cáritas de Reus cada año a partir de septiembre ya notamos este incremento de cuidados. La ayuda en alimentos a las familias supone un ahorro de 50 a 60 euros por mes y familia, dinero que puede destinar, por ejemplo, al pago de recibos de los servicios básicos y otras necesidades.

La crisis social y económica provocada por la aparición del Covid-19 ha producido un aumento en la demanda de alimentos, lo que ha supuesto una nueva prueba de esfuerzo para el Banco de los Alimentos y las entidades sociales a las que proporciona alimentos, entre las que se encuentra Cáritas.

Comida y un techo es lo más básico, atávico y ancestral necesario para vivir. Cuando se hacen los llamamientos a participar en la Gran Recogida de Alimentos, estamos pidiendo a la sociedad ayuda para cubrir uno de los principios fundamentales, tocamos la memoria colectiva para que se diferencie lo importante de lo esencial y, al mismo tiempo, se da a entender que nadie está libre de verse en una situación de necesidad, porque, ya se sabe, la vida da muchas vueltas y no podemos decir quién acabará dando un plato de sopa, si alguna vez nos hace falta.

Las motivaciones para participar en la Gran Recogida son variadas. Habrá quien, al dar un paquete de arroz y un litro de aceite, lo hará pensando en lo que le gustaría recibir si se encontrara en una circunstancia de precariedad y pensará más en una inversión de futuro, por si alguna vez la vida lo lleva al otro lado del mostrador. Otros actuarán movidos por la piedad y los dictámenes religiosos de ayuda al prójimo. También estarán los que, lejos de toda fe, serán llamados por una obligación ciudadana y una ética universal.

Sea por un motivo u otro, movidos por la religión o un deber interior, lo que importa es que participemos, cada uno en la medida de nuestras posibilidades. Seremos muchas las entidades sociales que nos veremos beneficiadas a partir de noviembre cuando iremos a recoger en el Banco de los Alimentos los víveres que repartiremos a los participantes que atendemos.

Las diferentes Cáritas del territorio son unos de los «clientes» a los que el Banco de Alimentos suministra, pero no los únicos, ni mucho menos. Hay una serie de entidades de la sociedad civil y otras creencias religiosas que también están dadas de alta como Organizaciones Asociadas de Reparto y también se benefician de los artículos reunidos durante la Gran Recogida.

Entre el Banco de Alimentos de las Comarcas de Tarragona (que tiene su sede en Reus) y Cáritas de Reus hay muy buen entendimiento y colaboración. En el caso de la Gran Recogida, Cáritas colabora cediendo al Banoc de los Alimentos voluntarios para que atiendan puntos de recogida de alimentos en diferentes supermercados de la ciudad durante los dos días que dura la colecta.

Por lo que respecta a los cristianos, somos un colectivo especialmente y directa interpelados a participar en estos actos desinteresados. Una ayuda que sabemos a ciencia cierta que reconfortará a muchas familias, aunque no les podamos poner cara ni nombre. Es una ocasión magnífica para ser fieles al Evangelio y ver el rostro de Jesús en cada una de las personas a las que irán a parar los alimentos, «porque tenía hambre, y me disteis de comer» (Mt 25, 35). «En verdad se lo digo: Todo lo que hacían a uno de esos hermanos míos más pequeños, me lo hacían a mí» (Mt 25, 40).

Miquel Maria Aragonès Casals
Director de Càritas Interparroquial de Reus

Artículo publicado en la revista Església de Tarragona (septiembre-octubre 2021 / n. 323)

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