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El pasado día 6 de diciembre, el teólogo David Baltaretu, un joven de 27 años de la parroquia de San Calinic y San Fructuoso de la Iglesia Ortodoxa Rumana presente en la archidiócesis, fue ordenado presbítero en Madrid.

Conversamos con él con motivo de su reciente ordenación presbiteral y del inicio de la Semana de oración por la Unidad de los cristianos que celebraremos del 18 al 25 de enero.

-¿Cómo vivió el día de su ordenación?

Fue uno de los días más especiales de mi vida, puesto que desde siempre he querido ser sacerdote. He nacido en una familia sacerdotal, mi padre es el dr. Vasile Baltaretu, párroco de la Parroquia Ortodoxa Rumana de San Calinic y San Fructuoso de Tarragona y arcipreste de Cataluña, del Obispado Ortodoxo Rumano de España y Portugal.

La ordenación presbiteral tuvo lugar en Madrid, el pasado día 6 de diciembre, en la Catedral Ortodoxa Rumana, sede de nuestra diócesis, y fue presidida por nuestro obispo diocesano, Mons. Timotei Lauran. El momento fue muy emocionante, ya que en nuestro rito, el diácono que es ordenado sacerdote durante la Divina Liturgia es llevado al altar por el resto de diáconos presentes y una vez llegado allí le cogen de las manos dos sacerdotes, que a partir de ese momento son sus «padrinos». Estos dos sacerdotes fueron mi padre y mi suegro, que también es presbítero en la diáspora rumana.

—¿Cuándo se inició la presencia de la Iglesia ortodoxa en Tarragona y qué presencia tiene actualmente?

En Tarragona, la presencia ortodoxa surgió hace más o menos dos décadas, coincidiendo con la ola migratoria de rumanos que vinieron a buscar nuevas posibilidades de trabajo. Se reunían en la calle Assalt, en la iglesia de los Carmelitas Descalzos, un sábado al mes. El verano del año 2003, mi padre, que era sacerdote en la Catedral de los Marineros de la ciudad de Constanza en Rumania, estuvo aquí durante un mes y empezó a celebrar por primera vez en Tarragona la Divina Liturgia en la capilla del Convento de las Hermanas Oblatas, en la Parte Alta de la ciudad.

En 2004, en septiembre, mi padre junto a mi madre, mi hermano y yo nos trasladamos a Tarragona y en noviembre se erigió oficialmente la Parroquia Ortodoxa Rumana Sant Calinic y Sant Fructuós de Tarragona. Debido a que cada vez participaban más personas los domingos en la Divina Liturgia, en 2012, nos vimos obligados a trasladarnos a la capilla del Colegio San Pablo Apóstol, donde continuamos hasta hoy, también dando gracias a el Arzobispado ya la dirección del Colegio. También hay que decir que desde 2005, nuestra parroquia está presente en la ciudad de Reus, en la capilla de la Pastoreta situada en la avenida de los Països Catalans.

Aparte de nuestra parroquia, en Reus también hay otra que celebra sus misas en la Parroquia de la Asunción, depende canónicamente del Patriarcado de Rumania pero es una parroquia formada por personas rumanas del norte de la Transilvania.

—¿Cuál es el sentido de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos?

La Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos es una tradición muy bonita. Personalmente, creo que el principal sentido de esta Semana es concienciarnos de que no estamos solos, de que somos unos cuantos que amamos a Jesús. También debemos concienciarnos de que no somos enemigos, aunque las vicisitudes históricas nos han separado dogmáticamente, sino que somos hermanos.

—Más allá de este Octavario de oración, ¿cómo se vive el ecumenismo?

Cada año, todos los que nos reunimos con esta ocasión decimos que es una pena que lo hagamos sólo una vez al año pero tampoco hagamos nada para que estos encuentros sean más frecuentes. Es bonito encontrarse una noche y rezar juntos, ya que sin oración no se hace nada, pero también deberíamos colaborar más en otros ámbitos, sobre todo hoy, cuando el mundo nos necesita. San Benito de Núrsia dijo ora te labora, por tanto, la oración ya la tenemos, ahora nos toca ponernos a trabajar juntos.

Lo que actualmente necesita el movimiento ecuménico ya no es sólo un conocimiento mutuo entre los cristianos, sino una especie de unión social para hacer un frente común y responder así a las amenazas foráneas. La mayor amenaza para el cristianismo hoy en día es la nueva religión del ateísmo. Esa opinión personal ha dejado de ser simplemente esto; poco a poco se va conformando como una creencia, por tanto como una nueva religión, con profetas, apóstoles y discípulos que cada vez más están atacando al cristianismo. Esto es evidente en todos los ámbitos. Debido a esto, creo que es necesaria una alianza estratégica entre los cristianos, aunque no sea desde el punto de vista dogmático y/o litúrgico sino desde el punto de vista de la identidad cristiana.

El ecumenismo es ver al otro como hermano y colaborar con él por el bien del mundo y por el bien de la sociedad, orando y trabajando juntos. Dios sabrá cuándo podremos llegar a la unidad plena que tanto deseamos, sobre todo entre nosotros católicos y ortodoxos que estamos más unidos que separados.

La entrevista entera se podrá leer en el próximo número de la Revista Església de Tarragona (enero-febrero de 2022)

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