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Un mes más tenemos que hablar de la pandemia que estamos sufriendo. Hace impresión la frialdad con que se tratan las cifras de muertos, de infectados y de curados. Estamos tan agobiados de cifras que no sabemos dónde estamos.

Sobre la de muertos, cuando un día ha habido menos que el día anterior, se expresa con una especie de alegría, ya que es bueno que disminuyan; sin embargo no se manifiesta mucho que los de ese día, sea el número que sea, están muertos. Y cada muerte es un drama para una familia o para unas personas cercanas. Y esto ocurre cada día.

Otra mala impresión que podemos tener es que las otras noticias quedan tanto en segundo lugar que quedan como olvidadas y no tienen el relieve que deberían tener. Por ejemplo, en medio de todo este batiburrillo no deberíamos perder de vista que, según las informaciones que de vez en cuando salen en algún lugar, en el mundo mueren cada día 30.000 niños de hambre. Y en el mundo mueren cada año unos millones de personas por malnutrición. Hay que ver si estas informaciones están bien hechas y son veraces. Sin embargo, son muchos.

Y como decía uno: contra eso sí tenemos vacuna. Tener comida y la comida adecuada. Una vacuna que llega poco a que realmente la necesitan.

Y, ¿qué podemos hacer? Deberíamos llevar más a la práctica la encíclica del papa Francisco Laudato si ‘. Nuestra Iglesia quiere estar comprometida. Ojalá sea así.

 

Miquel Barbarà Anglès, pbro.

Artículo publicado en el Full Dominical del 7 de junio de 2020 (n. 3665)

 

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