977233412 premsa@arqtgn.cat

La víspera de la canonización de John Henry Newman, el príncipe Carlos de Gales, publicó un histórico artículo en el Osservatore Romano dedicado a «la vida de este gran británico, este gran hombre de la Iglesia y, a partir de ahora, este gran santo». En el artículo, Carlos afirma que «su fe era verdaderamente católica, ya que abarcaba todos los aspectos de la vida. Es con este mismo espíritu que nosotros, católicos y no católicos, podemos, en la tradición de la Iglesia cristiana a lo largo de los siglos, abrazar la perspectiva única, la particular sabiduría y la comprensión de que esta sola alma ha llevado a nuestra experiencia universal».

John Henry Newman, nacido en Londres el 21 de febrero de 1801, vivió una profunda experiencia de conversión durante su adolescencia, un movimiento interno que a él le gustaba llamar «mi primera conversión». Después de sus estudios en el Trinity College de Oxford decidió ser ministro de la iglesia anglicana y profesor en el Oriel College. En Oxford se relacionó con numerosos intelectuales y allí comenzó a creer en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, la doctrina de la sucesión apostólica y también empezó a mantener una cierta veneración a la Virgen. Cuando en 1828, después de profundizar la Sagrada Escritura, inició el estudio de los Padres de la Iglesia descubrió el tesoro de la Tradición cristiana que, lentamente pero con una gran honestidad, le llevó hasta la confesión de fe en la Iglesia Católica.

El príncipe Carlos recuerda justamente que «su compromiso, primero con la teología anglicana y luego, después de la conversión, con la teología católica, impresionó incluso a sus opositores por su audaz honestidad, implacable rigor y originalidad de pensamiento».

Sus intuiciones teológicas sobre la relación entre fe y razón; sobre el lugar de la religión revelada en la sociedad de su país, así como también sobre la necesidad de una educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana sino también para toda Europa en el siglo XIX y en el siglo XX. No es extraño pues, que Benedicto XVI dijera en Hyde Park la víspera de su beatificación: «Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento, así como en muchas otras personas más allá de estas islas».

En esta misma vigilia de oración, el Papa Benedicto daba algunos de los elementos más importantes de la enseñanza del cardenal Newman para los hombres y mujeres de hoy. En primer lugar, «en nuestros días, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados por a conocer la verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas».

En segundo lugar Benedicto XVI afirmaba que «la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y la auténtica conversión son costosas. No podemos guardar para nosotros mismos la verdad que nos hace libres; hay que dar testimonio de ella».

Finalmente señalaba que Newman nos enseña que «si hemos aceptado la verdad de Cristo y nos hemos comprometido con él, no puede haber separación entre lo que creemos y lo que vivimos».

Newman es un santo del siglo XIX que habla a los hombres de nuestro tiempo. No es sólo un punto de referencia indispensable para los teólogos, sino también para los educadores (él fundó la universidad católica de Irlanda y escribió ampliamente sobre educación), y para el laicado a quien quería bien preparado en teología y en historia la Iglesia. Newman escribió: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino personas que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo de tal manera que puedan dar razón de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla». Así lo reconoce el príncipe Carlos cuando dice «como anglicano recondujo aquella Iglesia a sus raíces católicas y como católico estaba dispuesto a aprender de la tradición anglicana, por ejemplo, en la promoción del papel de los laicos».

Finalmente, para nosotros los sacerdotes, la figura de San John Henry Newman es igualmente ejemplar. Así lo expresaba Benedicto XVI en la homilía de la beatificación en Birmingham, «él vivió profundamente esta visión tan humana del ministerio sacerdotal en sus inquietudes pastorales por el pueblo de Birmingham, durante los años dedicados al Oratorio que él mismo fundó, visitando los enfermos y los pobres, consolando triste, o atendiendo a los encarcelados».

Norbert Miracle, pbro.
Rector de la parroquia del Vendrell

Artículo  publicado en la revista El Bon Pastor

Ús de galetes

Aquest lloc web utilitza galetes perquè tingueu la millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment per a l'acceptació de les esmentades cookies i l'acceptació de la nostra política de cookies . ACEPTAR

Aviso de cookies