A principios del pasado mes de septiembre se erigió la nueva Vicaria Episcopal para la administración de los bienes de la Iglesia y la economía diocesana presidida por Mn. Víctor Mosquera. Técnico especialista en delineación en edificación y obra civil, con doce años en el mundo laboral, Mn. Mosquera es consiliario de la delegación diocesana para la actividad misionera y rector de Alcover y de otros pueblos del Alt Camp. En la actualidad, está cursando la licencia en teología bíblica.

¿Cómo afronta esta nueva responsabilidad?

Más que como un cargo la afronto como lo que realmente es, un servicio. Un servicio a la archidiócesis y en último término a la Iglesia. Con mucha ilusión pero también con mucho respeto por la importancia de la labor encomendada teniendo en cuenta que la gestión del patrimonio y la economía son imprescindibles para afrontar los proyectos pastorales del presente y del futuro.

—¿Cuáles son las funciones de esta nueva Vicaría que encabeza?

Las funciones principales son coordinar y supervisar los tres departamentos que cuelgan de esta nueva vicaría, éstos son: el departamento de patrimonio cultural, el de bienes inmuebles y el de economía. En definitiva, se trata de acompañar un trabajo que ya se estaba haciendo hasta ahora y darle la importancia que requiere teniendo voz en el consejo episcopal, es decir, el máximo órgano de gobierno de la archidiócesis.

—Cuando hablamos de administración de los bienes de la Iglesia, ¿a qué nos referimos? ¿Qué retos existen en este ámbito?

Cuando hablamos de administración de los bienes de la Iglesia nos estamos refiriendo a cuidar todo el patrimonio mueble e inmueble de la archidiócesis. Y esto significa desde el edificio más sublime cómo puede ser la catedral hasta el más pequeño de los objetos que pueda tener un valor artístico o histórico. En muchas ocasiones son bienes catalogados ya sea por su valor artístico o histórico y esto requiere un cuidado especial. Los grandes retos o prioridades en este ámbito considero que son dos. Por un lado, darle un rendimiento económico esmerado y basado en la moral social a todas las propiedades que feligreses y feligresas han ido dejando para el sostenimiento de la Iglesia. Por otro lado, asumir según la medida de las posibilidades económicas, el arreglo de todo el patrimonio artístico e histórico que existe en la archidiócesis. Éste último, sin duda, es el reto más complicado porque nos encontramos ante muchos inmuebles que, debido a su antigüedad y magnitud, tienen una complejidad máxima.

A la Iglesia, por su sistema de financiación que procede en gran parte de los fieles, se le pide un gran ejercicio de transparencia económica. ¿Cree que a nivel archidiocesano se está avanzando en esta cuestión? ¿En qué debe mejorar?

 Sin duda ya hace tiempo que se está avanzando en esta transparencia y así lo demuestran los balances de cuentas que cada año se hacen públicos a través del portal web del arzobispado y de la publicación de la Hoja dominical. Pero es necesario mejorar siempre, sobre todo, en cuanto a la gestión económica. Por este motivo, y como novedad, ya se han iniciado los trámites para poder desarrollar un proceso de auditoría externa en lo que se refiere a las cuentas de la archidiócesis. Ésta es una herramienta que aportará la máxima transparencia en cuanto a economía y gestión y ayudará a tener un punto de partida que debe servir para llegar a la máxima excelencia en la gestión.

Entrevista publicada en el Full Dominical del 7 de noviembre de 2021 (n. 3739)

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