977233412 premsa@arqtgn.cat

Mn. Jordi Sánchez Pellicer és el capellán del Hospital Universitario Sant Joan de Reus.


El Covid-19 como toda enfermedad, pandemia y estos días de confinamiento desvela a menudo sentimientos escondidos, recuerdos antiguos, experiencias recientes, y hace que la persona revise y recapitule no pocas opciones de su vida. Entrar dentro de la pandemia o la enfermedad equivale a entrar en una prueba, en una crisis que afecta a toda la persona, tanto en el cuerpo como el espíritu. El adjetivo psicosomático sirve para tipificar, con una palabra que muchos ya entienden, la implicación recíproca de carencias corporales y los huecos o luchas del espíritu.

Por lo tanto, todos y cada uno de nosotros tenemos que seguir el Evangelio y dar gracias a Dios y a Jesús, al Dios de la Vida y al que lo esparce generosamente por este mundo. Jesús, el enviado del Padre, es portador y mediador de su salvación, el que hace llegar a tantos que se encuentran atrapados por la enfermedad que les perjudica y que es bastante de muerte. El Reino que Jesús anuncia es un espacio de solicitud para con el que sufren y buscan la curación. Pero este Reino no puede quedar archivado en los cajones de la historia, como un hermoso sueño que ahora ya no sería realizable. Al contrario, hay que reproducir hoy y siempre la apuesta por la esperanza de que se encuentra en el Evangelio de Jesús.

Se trata de una apuesta que puede implicar muchas personas, deseosas de dar nombre a la utopía del Reino, en nombre del Evangelio que Jesús anuncia y que es la espina dorsal de la vida y la acción de la Iglesia. Nunca nos faltarán ocasiones de llevarlo a los que le esperan. De hecho, entre los que lo esperan los enfermos ocupan un lugar señalado.

Un enfermo es una persona carente de vida, necesitada de ayuda, «un pobre». Y Jesús dice: «A los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis» (Mc 14,7).

Desgraciadamente, parece que no nos faltan ni nos faltarán personas enfermas de las que podemos y queremos cuidar. Los pobres y los enfermos son amigos de Dios y, por tanto, son amigos nuestros. Vivamos con fuerza su amistad, oferta y recibida, dada y compartida.

Para terminar creo que en este tiempo de pandemia hay tres versículos de los Evangelios que resultan imprescindibles para mí hoy y siempre en mi labor de sacerdote de un hospital.

– «Amaos los otros como yo os he amado» (Jn 13,34).
– «Estaba enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36).
– «Esto es mi cuerpo entregado por vosotros (…) y esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre, derramada por vosotros» (Lc 22,19-20).

El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio.

 

Ús de galetes

Aquest lloc web utilitza galetes perquè tingueu la millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment per a l'acceptació de les esmentades cookies i l'acceptació de la nostra política de cookies . ACEPTAR

Aviso de cookies