Mn. Joaquim Gras Minguella es el párroco de Sant Pere Apòstol de Torredembarra y de Sant Joan Baptista de Clarà (Baix a Mar).

—¿Cómo está respondiendo la feligresía de la parroquia ante las iniciativas que están impulsando?

Por lo que puedo ir comprobando puedo decir que las celebraciones son seguidas por un buen número de personas, casi más de las que habitualmente participan de la Eucaristía dominical. Me sorprendre realmente cuánta gente sigue, en directo o diferido, la oración del Ángelus o ahora, en este tiempo, el Regina Coeli. Durante la Cuaresma he hecho diariamente el comentario de las lecturas y algún día hemos llegado casi a los 400 seguidores, pero habitualmente lo siguen unas 160 personas. Los oficios de la Semana Santa fueron seguidos entre 600 y 800 personas, dependiendo del día. Me parece que hay más personas ahora que participan que no antes de manera presencial. También vamos haciendo la catequesis con el material que enviamos a las familias, aprovechando el material del SIC, pero también de elaboración propia que envío semanalmente a las familias.

—¿Cómo está viviendo esta situación como párroco? Qué es lo que más echa de menos?

Me cuesta el hecho de no tener fieles, es una sensación muy peculiar, no sé describirla exactamente, pero echo de menos la proximidad. Ahora es cuando te das cuenta de la importancia que tiene la asamblea en la celebración de los sacramentos. Echo de menos todo: las catequesis, los niños, las catequistas, la relación directa con las familias, el tú a tú con las personas. Algo que lamento es el hecho de no poder acompañar a la familia en el momento de la muerte de un familiar, a menos que la familia lo comunique, o yo lo sepa por algún vecino o conocido que me lo diga y me pueda poner en contacto.

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