Mn. Damià Tarragó fue ordenado diácono por el arzobispo Joan en la iglesia parroquial de la Asunción de Alcover el pasado domingo día 20 de febrero. Hoy, coincidiendo con la celebración del Día del Seminario, conversamos con él sobre su vocación, los años de formación en el Seminario Mayor Interdiocesano y su trabajo pastoral.

—¿Cómo descubrió su vocación al sacerdocio?

Al principio lo que detectas es un desconcierto con lo que estás viviendo, una sensación de insatisfacción, te cuestionas lo que haces y por qué lo haces. En un momento determinado yo experimenté intensamente la presencia de Dios en mi vida, fui plenamente consciente de que Dios me amaba y que tenía una vocación para mí. Esto dio un sentido profundamente distinto a mi vida.

Inicialmente vives un sentimiento de sorpresa, después una sensación de vértigo, ya que lo que me pedía era demasiado grande para mí, y finalmente una sensación de paz. Lo cierto es que cuando descubres la llamada de Dios nada de lo que dejas se puede comparar.

—Como miembro del grupo Reina de la Pau Musics, ¿qué papel ha tenido la música en su camino vocacional?

La música siempre ha estado presente en mi vida desde muy jovencito y movido por esta sensibilidad musical formé parte del grupo Reina de la Pau Musics mucho antes de entrar en el Seminario y descubrí una nueva forma de rezar mediante la música de adoración. Por tanto, la música ha tenido un papel importante en mi vocación, me ha ayudado a vivir todo el proceso con mucha alegría y sobre todo con mucha paz. La música es una herramienta muy útil para el trabajo de evangelización, puede ayudar a las personas a disponer su corazón a escuchar la voz del Señor, especialmente a aquellos jóvenes y no tan jóvenes que están más alejados de la vida espiritual. Una buena melodía y una letra de calidad, con un sentido profundo de oración, es una herramienta excelente para evangelizar, para llevar la noticia del Señor a todas las personas, para que puedan descubrir y experimentar cuánto Dios los ama. A mí me ha ayudado mucho a abrir el corazón y aumentar mi espiritualidad.

—¿Qué recuerdo guarda de los años de formación en el Seminario?

Los años de seminario es un tiempo de preparación personal, intelectual y espiritual. Es también un tiempo para terminar de discernir tu vocación. Para mí fueron unos años muy intensos, acompañado por los formadores a los que agradezco su ayuda y aportación en mi camino vocacional, y también por mis hermanos de Seminario, sin su apoyo y ayuda de los que no habría llegado dónde he llegado y cómo he llegado. Como dije el día de mi ordenación les estoy muy agradecido a todos por todo.

—¿Cómo recuerda el día de la ordenación diaconal? ¿Cómo lo vivió?

Fue un día muy especial. El día empezó con las celebraciones de las eucaristías en las parroquias en las que estoy realizando mi servicio pastoral, pero a medida que se acerca el momento vas sintiendo una gran alegría, mucha paz y agradecimiento. Tuve una gran sorpresa cuando vi a las muchas personas que me acompañaron, los muchos sacerdotes que vinieron a la celebración, los familiares, los amigos, los compañeros de estudio y la propia comunidad parroquial de Alcover, Picamoixons, La Riba, La Masó, Fontscaldes y El Milà. Lo viví con emoción y mucha felicidad.

—¿Qué espera de esta nueva etapa que ha empezado?

Seguir viviendo la paz, la felicidad y la alegría que da haber dicho sí por Dios. Espero seguir creciendo en la llamada que Dios me hace a la santidad, ser siempre fiel a la llamada del Señor, llevar la Buena Nueva a todas partes, atender a los más necesitados y estar al servicio y disposición de lo que la Iglesia y, en concreto, archidiócesis necesite. 

—¿Cuál es su tarea como diácono en las parroquias del Alt Camp?

La labor del diácono es la de servicio. Siguiendo las líneas generales que el párroco marca en las parroquias, mi tarea es ayudar en aquellos trabajos que se me asignan: la asistencia a las celebraciones litúrgicas en las parroquias de la agrupación parroquial de Alcover, la formación catequética de los más jóvenes y la formación de adultos, y acompañar a jóvenes y familias. De modo especial, el servicio de la caridad, las visitas a los enfermos y ancianos y no tan grandes que, por razones físicas, no puede venir a la parroquia con regularidad, así como a los más pobres, los que no tienen lo necesario para vivir dignamente y los marginados, tal y como lo hizo Jesús.

Entrevista publicada en la Hoja dominical del 20 de marzo de 2022 (n. 3758)

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