El pasado día 26 de abril, el arzobispo Joan Planellas nombraba como rector del Seminario de Tarragona en Mn. Armand Puig Tàrrech. Doctor en Ciencias Bíblicas por la Pontificia Comisión Bíblica, Mn. Puig ya era rector del Seminario Mayor Interdiocesano de Cataluña desde el año 2020.

Conversamos con él para conocer qué nuevos propósitos plantea para el Seminario de Tarragona y cuál es su situación.

¿Cómo asume este nuevo reto que le encarga el arzobispo Joan Planellas?

Lo asumo con mucha ilusión y ganas. De hecho, desde hace un año y medio que ya era el rector del Seminario Mayor Interdiocesano de Cataluña y, siendo como soy presbítero de la archidiócesis de Tarragona y estando vacante el cargo de párroco del Seminario de Tarragona, lo más normal y aconsejable era que yo asumiera, también, esa responsabilidad. Es como una especie de consecuencia de haber asumido el rectorado del Seminario Mayor y de que estuviera vacante el del Seminario de Tarragona.

¿Cuál es el momento actual del Seminario de Tarragona?

En estos momentos, el Seminario de Tarragona tiene tres diáconos que ya están inmersos en la pastoral, Andreu Figueras, que está en Reus y colabora con Salou; el Damià Tarragó, que está en Alcover; y Albert Font, que está en Falset. Tenemos, también, un seminarista mayor, Ricard Solé, que vive en el Seminario Mayor Interdiocesano, donde estudia el cuarto curso.

¿Cuáles son los principales retos y objetivos que se propone a la cabeza de esta institución?

Lo primero es cuidar a estas cuatro personas desde el punto de vista espiritual. Naturalmente, el responsable último es el señor arzobispo y, por tanto, en el ámbito más pastoral no entro tanto.

En el caso del seminarista que vive conmigo, esto también es así, pero existe el hecho de que se está formando en todos los sentidos: intelectualmente, en la sede del Ateneu Universitari Sant Pacià; pastoralmente, colaborando con la parroquia de Sant Joan de Reus. En cuanto a las otras dos formaciones, la comunitaria y la espiritual, nos encargamos directamente desde el Seminario Mayor, conjuntamente con Mn. Jaume Gené, entre otros, que es su director espiritual.

¿Cómo cree que es necesario afrontar la crisis de vocaciones?

Estamos ante una crisis que va ligada a la situación general en la que se mueve la Iglesia. Dios sigue gritando, Él siempre llama. Lo que ocurre es que uno puede escuchar más o menos su voz, y puede sentirse más o menos atento a la escucha de esa voz. Hoy hay muchas dificultades, mucho «ruido», que se interponen entre ese llamamiento, que siempre es suave, y la posible respuesta. En este sentido, hay muchas personas que oyen la llamada y la dejan pasar porque no resuena lo suficientemente fuerte en su corazón porque hay otros llamamientos y «ruidos» que lo impiden.

Por otra parte, ligado a este hecho está el tema de la dimensión espiritual de la vida. Si reducimos la vida a una dimensión material, empírica, con unos objetivos de ganancia, entonces la dimensión espiritual de la vida desciende automáticamente y hace que sea muy difícil que haya una respuesta a la llamada de Dios, aunque es evidente que uno puede responder de otras muchas maneras.

¿Qué hacer para poder acompañar este llamamiento?

Toda la comunidad cristiana debemos estar atentos a acompañarla cuando surge, no sólo a los presbíteros. Cualquier persona que se siente cristiana, cuando ve que hay un pequeño indicio o signo de esta llamada, es muy importante apoyarla y hacerla crecer en la medida de las posibilidades de cada uno.

No se trata, por tanto, de una especialidad. Mn. Albert Fortuny es el delegado para las vocaciones, Mn. Joan Cañas lo es para el clero, y yo soy el párroco del Seminario, pero no es una tarea exclusiva para nosotros. Es trabajo de todos los presbíteros, en primer lugar, pero también de todos los que formamos el Pueblo de Dios, ayudar e impulsar los posibles llamamientos que algunas personas sientan en relación con el ministerio ordenado.

¿Cómo desarrolla el trabajo conjunto con el Seminario Mayor Interdiocesano de Cataluña?

En mi caso, con mucha facilidad. Si tuviéramos diez seminaristas sería diferente, pero tenemos uno y con perspectivas de que haya alguna entrada para el próximo año. Esta reducida cifra de seminaristas hace que podamos hacer las cosas con mucha paz.

¿Cómo se ha vivido la fase diocesana del Sínodo con los seminaristas?

En el Seminario Mayor Interdiocesano están representadas siete diócesis y cada una ha tenido sus canales de trabajo conjunto en relación con el Sínodo. Nuestros seminaristas han entrado en el tema de la sinodalidad y comunión a través de las experiencias diocesanas. Aquí en el Seminario hemos propuesto, también, alguna formación al respecto.

Entrevista publicada en el Full dominical del 5 de junio de 2022 (n. 3769)

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