Manobras de la educación

¿Qué sociedad puede resistir que, en cuarenta años, se promulguen hasta ocho leyes de educación distintas? Lo diré lisa y llanamente: ninguna. Y esto es lo que ha pasado en España. Esto no puede ir en modo alguno, no se puede aguantar ni digerir. Sólo puede ser fruto del ansia de protagonismo de quien manda. Ya sé que es una afirmación drástica, y que quizá debería decirlo de una forma más políticamente correcta, sin embargo cada vez me cuesta más entender el mundo en el que estoy y donde vivo. Tantos años, tantos partidos, tantas coaliciones y nadie ha sido capaz de pactar una ley de educación duradera por encima de las ideologías partidistas. ¡Qué lástima!

La educación nunca ha sido una cuestión de Estado. Pese a algún tímido intento, fue arma de choque entre partidos que impidió un gran acuerdo en un tema que en otros países no genera discusión, porque tienen definidos contenidos y métodos. Y, siempre, aparecen dos grandes escollos: por un lado, la religión y, en general, las materias del conocimiento humanista y, por otro, el idioma vehicular y curricular.

Y a pesar de las ocho leyes, los 48 gabinetes del gobierno, a pesar de los sindicatos, a pesar de las interferencias…, el único protagonista sigue siendo el niño y el docente, el grupo de niños y el maestro, la clase y el profesor. He llegado a la conclusión de que, digan lo que digan y hagan las leyes que hagan, al fin y al cabo, existe un trabajo de manobra que es el de la persona docente, la que tiene el encargo de educar. Es ella la que entra en el aula y la que, según su ser y su ser, «f»». Y esa manobra hace las cosas al margen de lo que digan las leyes. Es la persona que entra en la clase la que se ve obligada a redactar ya programar según le dicen, con unos criterios que cambian y sin poder recoger ni evaluar los resultados, la conveniencia o las capacidades de esa nueva forma de ver las cosas.En definitiva, lo único que está haciendo quien legisla es agobiar al docente y reducir el tiempo de educación y de «hacer» Quien educa a las generaciones futuras son las personas que hacen de buenos maestros, que están en el aula día a día y que influyen en el niño… al margen de cumplir una ley en vigor.

Y sigo siendo políticamente incorrecta: lo que deciden los ministros es del todo baladí. Y repito la idea, quien entra en el aula hace lo que puede, y con sus conocimientos y herramientas hace milagros: con lo que tienes haz lo que puedas y lo mejor posible. Lo único que educa a ese niño es aquella personita llamada maestra que se dedica, con responsabilidad, a realizar uno de los trabajos con más proyección y, seguramente, menos agradecido. ¿Y por qué le hacen perder el tiempo aprendiendo a programar por competencias o por otro criterio, al realizar mil cursos para alcanzar nuevos perfiles que consiguen estresar al maestro? ¡Atención! Cierto que si no se hace formación no hay adaptación. Pero cada cosa debe tener sus medidas. Los resultados de su trabajo los encontrará decenios después cuando, con un poco de suerte, recibirá el feedback de alguno de sus alumnos que recordarán precisamente la proximidad, eficacia, cariño y transmisión de conocimientos y actitudes ante la vida.

Han ido cambiando la docencia cada vez que hay gobierno nuevo; han añadido cosas nuevas, complementando (y cambiando) lo que encuentran cuando llegan, con la idea de evolucionar la ley de acuerdo a la evolución social. Y nunca se han parado a pensar si la ley anterior se ha podido aplicar, ha obtenido resultados o la han podido implementar adecuadamente. Con dos, tres o cuatro años no hay tiempo para ver ningún resultado. Todas las cosas tienen un proceso, y en educación el proceso es largo y no dejamos terminar ninguna. Si tú cambias una manera de enseñar, porque es verdad que los tiempos cambian y debes adaptarte, debes tener claro que la infancia, la adolescencia y los jóvenes reciben indirectamente las dudas. Si estás obligado a hacer algo nuevo, con nuevos criterios y nuevas metodologías, nadie sabe cómo será la respuesta y, a base de que los niños y niñas vayan aprendiendo de esta nueva manera, más competencial, por ejemplo, no tanto por asignaturas o conocimientos, será cómo recibirás los resultados. Y, reitero, esto pide tiempo. Si el profesor o los maestros están aprendiendo el nuevo modelo, si dos o tres cursos por delante del tuyo aplican modelos diferentes, ¿cómo puedes educar con coherencia?

El informe PISA ofrece datos significativos respecto a los países con los mejores sistemas educativos y todos los que lo encabezan tienen la característica común de la firmeza del modelo y la perdurabilidad en el tiempo. Canadá, Singapur o Finlandia son ejemplos, distintos entre sí, pero similares en el resultado global. Ahora se está a punto de iniciar los trabajos de campo para la elaboración del informe correspondiente al año 2021 (aplazado por la pandemia) y será interesante ver cómo ha evolucionado en los últimos tres años. El último informe publicado corresponde a 2018 y se puede consultar aquí.

El gran problema es que quien decide los modelos y diseña las leyes nunca ha entrado en el aula, nunca han estado en una escuela. O no reciben de primera mano información de las escuelas. Y aquí volveré a ser políticamente incorrecta: las aportaciones de los sindicatos de maestros y profesores, del Consejo Escolar, no siempre están hechas por quien ha estado años y años en las aulas, porque son sindicalistas o miembros de consejos escolares profesionales. (Permítanme la licencia de decir que es como quien diseña los contenedores de la basura, que parece que nunca ha bajado a la calle lloviendo y ha intentado poner el bolso por un agujero minúsculo). No tienen experiencia.

Con los años de experiencia me he vuelto más humilde, porque sólo lo personal llega a ser universal; en educación, sólo si tú tocas el corazón de un niño aquel niño «será». Porque es algo muy personal y, por supuesto, enseñamos que hay que aprender a estar «en» la sociedad, en grupo. La persona que educa debe enseñar que nadie es el centro del universo, nadie está solo, y por eso vamos a una escuela, para socializarnos. Somos uno más entre muchos seres humanos iguales.

Maria Rosa Climent,
pedagoga terapeuta

Artículo publicado en la revista Església de Tarragona (mayo-junio-julio-agosto de 2022 / n. 326)

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