Montserrat Esporrín es madre de familia y doctora en Historia e Historia del Arte y Licenciada en Música. Desde su jubilación está de Jefe de Servicio de Cáritas en la Parroquia de Sant Pau de Tarragona. El pasado mes de julio fue nombrada por el arzobispo Joan como delegada para la pastoral social.

¿Cómo afronta este nuevo cargo?

Con mucha ilusión y agradeciendo al Sr. Arzobispo que haya depositado en mí su confianza para ejercer este cargo. Creo que en los momentos que estamos viviendo, la pastoral social tiene mucho que decir y mucho que hacer. Actualmente, el ámbito social, a todos los niveles, es muy complejo y sufre unos cambios muy fuertes. Me atrevería a decir que el trastorno social es consecuencia no sólo de la pandemia, sino también de un trasfondo político y económico que hace que la brecha social sea cada vez más profunda y que, en el caso de la Covid-19, se haya hecho más patente. Sin embargo, la historia nos enseña que siempre que ha habido cambios socioeconómicos y políticos severos, depende de cómo éstos se hayan enfrentado, se han resuelto de formas diferentes y, desgraciadamente, el resultado no ha sido siempre el más deseable para la humanidad. Por lo tanto, necesitamos ser cuidadosos, pacientes y, sobre todo, muy responsables. Cada uno de nosotros debe poner su pequeño grano de arena, con el fin de poder mejorar esta situación convulsa que padecemos.

—¿Qué misión tiene encomendada la delegación de pastoral social?

Su misión es la de coordinar, concienciar, acompañar, asesorar y animar, en todo lo que se pueda, las diferentes entidades que forman parte de esta delegación; y es necesario decir que son muy diversas. En ningún caso se pretende interferir en el trabajo de cada una de ellas, sino más bien poder crear red con el fin de optimizar recursos para que todas puedan salir más favorecidas. También tenemos la misión de promover la formación de los diferentes agentes de la caridad.

En un primer paso, estoy contactando con las diferentes entidades, hasta donde la pandemia me deja, para dar a conocer esta delegación. Pienso que el segundo paso debe ser divulgar e informar a la sociedad de la tarea que realiza cada entidad a través de los medios de comunicación, al menos, porque todas ellas hacen un trabajo extraordinario; sin embargo, en muchos casos se desconoce. Esta divulgación podría repercutir, por una parte, en un aumento de voluntarios y, por otra parte, más personas podrían beneficiarse de sus servicios.

¿Qué realidades están vinculadas a esta Delegación?

En esta Delegación las realidades son muy diferentes. Desde paliar, en la medida que se puede, las colas del hambre, con todo lo que ello conlleva, ya que no se trata sólo de dar alimentos a familias vulnerables, sino que detrás también existe la necesidad de atender a los niños, los alquileres de pisos, los servicios de gas, luz, agua…, sin olvidar las necesidades sanitarias que salen día a día. Por otra parte, también se trabajan las adicciones, un problema que va in crescendo y que, muchas veces, por cuestiones sociales, se intenta ocultar.

Otra realidad es la de acoger a las personas sin techo, o que, por cualquier otra razón, viven solas y necesitan de un hogar donde se les pueda atender y puedan tener vida social y lo necesario para vivir.

Desde el Apostolado del Mar se atienden las necesidades de los marineros que llegan al puerto y se les acoge en todo lo que haga falta: orientación dentro de la ciudad, descanso, recursos médicos, servicios religiosos y también medios telemáticos.

Otro aspecto es el de atender, con diferentes proyectos, mujeres y niños que, por diferentes razones, se encuentran desprotegidos; hay que ayudarles a salir adelante en su situación de vulnerabilidad.

—¿Cuáles cree que son los temas que como Iglesia debemos implicarnos más o ser más sensibles?

 Según mi punto de vista, creo que una buena parte de la Iglesia está haciendo muchos pasos para implicarse en el ámbito de la caridad. Pienso que el Papa Francisco, a través de sus escritos y su actitud para con los pobres, tiene mucho que ver. Sin embargo, según en qué ambientes eclesiales todavía queda mucho camino por hacer. Quizás no nos acabamos de creer del todo sus palabras cuando, en realidad, en todas sus encíclicas y exhortaciones, se nos habla de la caridad hacia el otro como un reflejo del amor a Dios.

Ciertamente que, a raíz de la pandemia, la solidaridad y la generosidad son temas que se han hecho más visibles y palpables dentro de la Iglesia, nos hemos implicado más, si bien, no podemos bajar la guardia. Entre todos, hay que repensar el consumismo al que estamos abocados, y reflexionar para saber cuidar, compartir y distribuir mejor los bienes que Dios nos ha dado. Todavía tenemos que aprender a hacer un buen uso de los recursos que tenemos al alcance.

Otro de los temas —este, más sobrecogedor— que pide más implicación y, al mismo tiempo, más sensibilización dentro de la Iglesia, es el de la diversidad y acogida de las personas sea cual sea su realidad social e individual, porque, como expresa el papa Francisco, necesitamos curar heridas y eso pasa por acompañar, discernir e integrar la fragilidad del otro.

Desde la caridad y, partiendo de la premisa de que Dios es amor, ¡todo el mundo se merece una segunda oportunidad y las que hagan falta!

Entrevista publicada en el Full Dominical del 23 de mayo de 2021 (n. 3715)

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