Casada y madre de dos hijos, en 2013 empezó a trabajar en la Delegación diocesana de Misiones y desde el pasado mes de julio está al frente de ella. Implicada en diversos ámbitos pastorales de la archidiócesis, la misión forma parte de su vida y, por este motivo, hace dos años pudo vivirla de cerca en Camerún junto con sus dos hijos, una experiencia que espera poder realizar de nuevo.

 —¿Cómo afronta esta nueva responsabilidad?

Con mucha ilusión y con mucha responsabilidad, consciente de que no trabajo para mí sino para Dios. Es un servicio que me ha encomendado el arzobispo Joan del que ya formaba parte como trabajadora, pero ahora asumo la responsabilidad primera de animar a nuestra querida Iglesia de Tarragona a sentirse partícipe de la misión y ser el altavoz de nuestros misioneros.

Hago mías las palabras del arzobispo Joan planteadas en su exhortación pastoral El espíritu rejuvenece la Iglesia, cuando dice: «Todo cristiano está llamado a salir de sí mismo y ser levadura en la pasta, a convertirse en “sal” y “luz”»; asumir que la misión pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia y anunciar la Palabra de Dios y dar testimonio al mundo es esencial para cada cristiano, con pleno respeto y amor para todos los seres humanos. Este anuncio es muy necesario en nuestra casa, pero no podemos olvidar que siguen existiendo territorios de misión donde todavía Dios no es conocido, por lo tanto, el reto asumido de anunciarlo requiere implicación.

No quisiera dejar de agradecer a los anteriores delegados su dedicación y esfuerzo. No quiero olvidar el apoyo y la ayuda del actual consiliario de la delegación, Mn. Víctor Mosquera.

 —¿Cuál es la misión de esta Delegación?

La delegación, en primer lugar, trabaja en la animación misionera de las tres principales campañas pontificias: el Domund, la Infancia misionera y las Vocaciones Nativas; y otras campañas relacionadas con la misión y los misioneros. Esta animación la realizamos con la colaboración de las Obras Misionales Pontificias, quien nos facilita todos los materiales para hacer difusión y que puntualmente hacemos llegar a parroquias, comunidades y escuelas. Sin todos ellos no sería posible ser altavoz de las misiones y de los misioneros. Por otra parte, procuramos crear nuevos espacios de formación misionera y de reflexión —exposiciones, charlas, testimonios, …— para poder acercar las misiones a las personas.

En segundo lugar, vela por los misioneros y misioneras de nuestra archidiócesis, ya sean directamente diocesanos o como si pertenecen a los diferentes carismas de las congregaciones religiosas. Mantenemos contacto con todos ellos para saber cómo se encuentran, para saber de sus necesidades. Procuramos que se sientan unidos a su iglesia de referencia enviándolos las publicaciones diocesanas y el curso bíblico que prepara el Secretariado para la animación bíblica.

Otro objetivo de la delegación es que mediante esta animación misionera puedan surgir nuevas vocaciones misioneras, tanto si son por un periodo concreto de tiempo como para ad vitam. Por todo ello, debemos trabajar de forma transversal con otras delegaciones. Somos diferentes con diferentes finalidades, pero miembros de un mismo cuerpo y entre todos podemos enriquecernos y ayudarnos.

¿Con cuantos misioneros contamos actualmente en la archidiócesis?

En este momento el número de misioneros y de misioneras de nuestra diócesis es de 28. La mayoría están distribuidos entre África: Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Congo, Rabat y Beirut; América: destacan Argentina, Honduras y Venezuela; y Europa. Sus ámbitos de actuación, aparte de la evangelización, son la pastoral, el campo de la educación y la atención sanitaria o humanitaria de los más desfavorecidos.

  Las Obras Misionales Pontificias abrieron un fondo de emergencia con motivo de la Covid-19. ¿Cómo les está afectando esta pandemia en su día a día?

 La situación para muchos de ellos sigue siendo muy complicada. Muchas de las ayudas económicas que han recibido han sido para adquirir material sanitario específico de protección y prevención, poder abastecer de alimentos a las personas necesitadas y hacer frente a los gastos de hombres y mujeres que viven en la calle. El confinamiento ha dejado a muchas personas sin su principal, precaria y única fuente de ingreso, como es la venta de productos en la calle, y es por eso que nuestros misioneros y misioneras han tenido que hacer frente a un aumento del hambre.

Y la situación en América del Sur todavía se complicó mucho más dado que la temporada de huracanes fue muy cruel y dejó sin casas y cultivos a muchas personas. La ayuda que en un principio recibieron para adquirir alimentos también se destinó a la adquisición de semillas para volver a sembrar la tierra que había quedado arrasada.

 El testimonio de los misioneros y misioneras siempre atrae la atención de los más jóvenes o, incluso, alejados de la Iglesia. ¿Por qué cree que es así?

Porque los actos siempre son mejores que las palabras. Y la palabra solidaridad no sólo está de moda sino que es una necesidad. La solidaridad parte de la esencia de cada ser humano, a todos nos gusta, cuando lo necesitamos, que alguien nos eche una mano. El ejemplo que damos con nuestras acciones diarias, y en nuestro ámbito con el testimonio de los misioneros y de las misioneras, es lo que hace que otros —jóvenes o alejados— vean que el resultado de la convivencia con personas diferentes a ti, acompañarlos en las dificultades, llena el corazón y da esperanza.

Para un joven, sentir que hace algo por los demás es un valor fundamental, lo hace sentirse útil y es aquí donde se reconoce y se presta a ayudar. Realmente, todas las iniciativas que se realizan para ayudar a otros, como trabajos sociales en situaciones difíciles, los hace sentirse en un lugar muy importante. Por ello, muchos jóvenes destinan parte de su tiempo a poder compartir una experiencia misionera en territorios de misión acompañando a los misioneros. Y no olvidemos que entonces es cuando el Espíritu habla porque a través del testimonio o la acción solidaria también encuentran a Dios. Es en el más frágil o desfavorecido donde también podemos encontrar a Dios.

Entrevista publicada en el Full Dominical del domingo 28 de marzo de 2021

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