El pasado mes de abril se erigió la nueva Fundació Sant Fructuós-Escoles Diocesanes de Tarragona que tiene como misión coordinar y promover entre las escuelas de titularidad diocesana una educación eficiente de niños y jóvenes que vele por la transmisión de los valores educativos propios de la Iglesia católica.

La nueva directora, dedicada a la docencia durante cerca de treinta años, ha compaginado en los últimos años el profesorado con la formación especializada en gestión de centros educativos y con tareas directivas en el Col·legi Sant Pau Apòstolde Tarragona, lo que le ha permitido conocer la realidad cambiante de alumnos y familias y también de la enseñanza, así como también sus fortalezas y los aspectos a mejorar.

¿Cómo afronta este nuevo servicio?

Con mucho respeto y con confianza. Respecto porque la educación de niños y jóvenes es una cuestión de considerable responsabilidad. Mejor dicho, de corresponsabilidad, porque los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos y creo que así hay que entenderlo. Familias y escuela educamos y preparamos las personas adultas del futuro y esto, que siempre ha sido complejo y aventurado, lo es mucho más en un escenario rabiosamente cambiante, inestable e incierto como es el de hoy.

También pienso que es necesario afrontarlo con esperanza y con la confianza de que el trabajo en equipo de todos los miembros del Patronato y de las Escuelas Diocesanas, por encima de personalismos, ayudará a superar los retos que tenemos.

  La archidiócesis cuenta con seis escuelas de titularidad diocesana. ¿Existe un trabajo coordinado entre ellas?

 Se trata de seis escuelas con más de 2.500 alumnos en total pero muy diferentes entre ellas en dimensión, en número de alumnos, en emplazamiento, etc. Se hace necesaria una coordinación entre todas las escuelas a través de las comisiones de trabajo para, respetando sus singularidades, poder impulsar proyectos que permitan alcanzar la misión que es común a todas.

Fundamentalmente comparten la misión de educar a niños y jóvenes para que puedan crecer como personas integras; es decir, que puedan desarrollar todas sus capacidades en el ámbito personal, el intelectual y el social y con un sentido cristiano de la vida. Esta idea general se configura y se concreta en los respectivos programas educativos de cada escuela.

En el aspecto más operativo la idea es compartir varios proyectos de gestión, de innovación o de formación del profesorado, entre otros.

La pandemia le ha dado la vuelta a todo, y el ámbito educativo no ha quedado al margen. ¿Cómo se presenta este nuevo curso escolar?

 Ciertamente la pandemia ha marcado un punto y aparte, y en el mundo educativo también nos hemos tenido que adaptar (clases on-line, grupos burbuja, actividades escolares restringidas …). Pero afrontamos el nuevo curso con esperanza. La gradual superación de la crisis sanitaria nos hace confiar en recuperar las pautas habituales, aunque seguramente de una manera diferente. Al igual que ocurre en la sociedad en general, pienso que el verdadero reto no es sólo recuperar la normalidad, sino ser capaces de extraer el aprendizaje conveniente de esta experiencia vivida y sufrida, y saberlo poner en práctica. Y en el mundo educativo este reto es aún más exigente.

Entrevista publicada en el Full Dominical del 5 de setembre de 2021

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