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Ahora más que nunca las personas hemos tomado conciencia del valor y necesidad de cuidar nuestro cuerpo, a través de dietas sanas y equilibradas, y de un ejercicio físico que nos mantenga en forma. Los adolescentes y jóvenes no están exentos de esta tendencia, y son muchos los que practican deportes varios, quienes son capaces de hacer grandes sacrificios y levantarse temprano para entrenar o ir a jugar algún partido.

Cuidar el cuerpo es una cosa buena y necesaria, ciertamente vivimos, somos y nos relacionamos a través de él, pero demasiadas veces se nos olvida que nuestro cuerpo es caduco… Sí, todos tenemos la tentación, consciente o inconsciente, de pensar que nuestro cuerpo mantendrá su vitalidad, fuerza, dinamismo, capacidades… y por eso lo cuidamos por dentro y por fuera! Pero la realidad nos hará descubrir que por una enfermedad o por el paso inexorable del tiempo, todos nos acercamos al final de nuestra vida, donde el cuerpo perderá su fuerza y ​​sus constantes vitales.

Este hecho, si bien es una realidad que todos los hombres y mujeres de la historia han afrontado y nosotros también tendremos que afrontar, parece que nuestra sociedad lo quiera ocultar, apartar, que no se quiera hablar… Esto provoca que las personas, y de una manera especial los adolescentes y jóvenes, se conviertan vulnerables e indefensos para afrontar este hecho que tarde o temprano llamará a sus vidas en la muerte de los abuelos, familiares, padres, amigos, y hasta su propia vida…

Es bueno poder hablar de la muerte, es bueno ayudar a tomar conciencia de que forma parte de nuestra vida, es bueno saber que en este mundo no estaremos para siempre, y por tanto, que nuestra vida debe tener un sentido, todo haciendo que la muerte sea la última respuesta a nuestra vida. Con la ventaja de que los cristianos no partimos del sin sentido de la muerte, sino que vivimos la esperanza de la resurrección: ¡el auténtico fundamento de nuestra fe!

La adolescencia y juventud es un momento de cambio, físico, psicológico, emocional y espiritual, conviene que les damos herramientas para ayudarles a ser adultos en la fe, capacitarlos desde la esperanza cristiana para afrontar el paso más decisivo e importante de toda vida que es la muerte, la puerta a la vida eterna en Cristo.

Ante la muerte, puede haber varias respuestas: rechazo contra Dios; pánico y vacío al sin sentido de la vida; buscar el máximo placer y bienestar porque la muerte acabará con todo esto; encuentro de consuelo con el Señor etc. Será bueno que nosotros, como acompañantes suyos de vida y de fe, no les dejamos indefensos ante el interrogante más grande de su vida, que los preparamos, que lo hayamos hablado, que seamos a su lado en momentos difíciles, que transmitimos nuestro propio testimonio doloroso de la muerte pero fundamentado en la fe y esperanza en el Resucitado.

Este es sin duda uno de los mejores acompañamientos que podremos hacer tanto personal, para que se conviertan personas resilientes, como en la fe, para que sepan encontrar respuesta y fuerza en la vivencia de la esperanza en la resurrección.

Mn. Josep Mateu
Director del SIJ y delegado de Juventud del Arzobispado de Tarragona

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