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Me llamo Maite y tengo 17 años. Este verano ha sido la primera vez que he ido en peregrinación a Lourdes y la primera vez que he participado de un voluntariado cristiano, acompañada de la Hospitalidad de Tarragona.

Hacía tiempo que mi hermano me lo había ofrecido. Él hace años que va, pero yo nunca me acababa de decidir y la verdad es que me daba miedo encontrarme con alguna experiencia demasiado impactante.

Recuerdo, con sorpresa, el momento de llegar al aparcamiento del Nàstic y ver siete autobuses, con ancianos, enfermos, hospitalarios, otros compañeros y compañeras jóvenes voluntarios, que no conocía pero que acabaríamos siendo un gran equipo y al cabo de poco tiempo grandes amigos.

Sabíamos que el viaje sería largo, y por eso la cincuentena de jóvenes que éramos íbamos juntos. El trayecto de Tarragona a Lourdes se pasó en un abrir y cerrar de ojos. Durante toda la jornada de camino la música y los cantos fueron nuestro alimento, y las películas, y la oración, y el compartir inquietudes y sentimientos.

Al llegar a Lourdes, nos dirigimos hacia el Accueil, el hospital, donde enfermos y ancianos pasarían esos cinco días. Todo tenía que estar listo para cuando ellos llegaran; así que descargar el equipaje de los autocares, ayudamos a organizar el material necesario … Y llegado el momento pudimos dar una mano a los enfermos para acomodarse a sus respectivas habitaciones.

Durante aquellos días el trabajo de los jóvenes era acompañar a los enfermos. En mi caso y el de mi grupo era trasladarlos de un lugar a otro con la ayuda de los carros, para que pudieran asistir a todos los actos, celebraciones, misas y procesiones que había programadas. En esos pocos días, conseguimos la confianza de mucha gente: la de enfermos y ancianos que veían la estima que les teníamos; y la de los hospitalarios más veteranos, que veían como un grupo de jóvenes les sacábamos algo de trabajo.

Cada día, al terminar la jornada, nos dirigíamos hacia la casa de colonias, allí dormíamos todos los jóvenes y nuestros monitores.

Gracias a la Hospitalidad de Tarragona, a todos los enfermos y ancianos, gracias a todos los voluntarios, he podido vivir una experiencia de fe y servicio inolvidable, que recordaré toda la vida.

Deseo que el próximo año muchos podamos volver a repetir esta tarea que llena tanto y ayuda tanto a crecer.

Maite Fernández Sánchez,
joven de la parroquia del Milà

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