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Con el objetivo de ayudar a comprender mejor el mensaje de la encíclica del papa Francisco Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, el Secretariado Interdiocesano de Juventud ofrecerá cada mes un artículo en el que destacará los principales contenidos y proporcionará pistas que permitan aterrizar a la realidad concreta de nuestra casa.

Estimado/a joven,

Seguramente alguna vez, con motivo de celebraciones, oraciones, misas familiares, colonias o campamentos, has disfrutado entonando una bonita canción que nos hace repetir por cuatro veces esta vuelta: «Alabado seas, Señor nuestro!». Es una hermosa oración de San Francisco de Asís: su famoso «Cántico de las criaturas». Pues bien, el papa Francisco escribió hace cinco años una importante y larga carta a la humanidad titulada precisamente Laudato si’ (Alabado seas). Apropiándose este título de la oración franciscana mencionada. Con esta carta, que tiene un enorme impacto mundial, Francisco nos hace un llamamiento urgente a cuidar, proteger y amar nuestra tierra, con todos los seres que la habitan.

Francisco nos recuerda que la tierra es la «casa común» de la humanidad, la casa de todos y todas. Es como una «madre» que, como dice la canción mencionada de San Francisco, «nos sostiene y nos alimenta».

La tierra no es un mero «objeto», resultado ciego de la casualidad, del azar o del caos posterior a una explosión. Es el fruto de un acto amoroso de su Creador. Es un extraordinario regalo del Padre, para que lo compartimos fraternalmente y en disfrutamos responsablemente. Pero no como los dueños ni los dominadores: se nos ha dado para que lo administramos con sabiduría, en beneficio de todos los seres vivientes y las generaciones futuras.

Pero aún hay más. Dios ama tanto este mundo que, Él mismo, en Jesucristo, se ha insertado para siempre. Desgraciadamente, como bien sabéis los jóvenes, nuestro planeta está gravemente herido, debido al abuso y expolio por parte de los humanos: contaminación, desechos, sobreexplotación de recursos … Los efectos de este maltrato son graves, como la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, que ponen en peligro a millones de personas. Las agresiones ambientales las sufren especialmente las personas y los países más pobres. La crisis ambiental es, pues, una crisis social, porque «el ambiente humano y el ambiente social se degradan juntos».

Ante todo esto, el papa Francisco nos reclama un «cambio de rumbo» para salir de la espiral de la autodestrucción y dar paso a una ecología integral, que sea a la vez económica, social y cultural para retornar a la armonía con la naturaleza y todas las criaturas. Necesitamos cambiar nuestro estilo de vida, lejos de la aceleración enloquecida y del consumismo feroz actual. Y esto sólo será posible si somos capaces de un cambio en nuestro corazón: una «conversión ecológica», personal y comunitaria, basada en la simplicidad, la sobriedad, la humildad, la capacidad de admiración y contemplación, la gratitud y la gratuidad.

Queridos jóvenes: vosotros podéis ser protagonistas principales y promotores de este «cambio de rumbo». Con esta nueva serie de artículos mensuales desde el SIJ, os animamos, pues, a leer con atención esta larga carta de Francisco, a escuchar y meditar sus palabras y, desde aquí, avanzar juntos hacia una conversión ecológica integral. Ánimo, coraje y adelante!

Mons. Sergi Gordo Rodríguez, obispo auxiliar de Barcelona i presidente del SIJ

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