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Joan Boronat
(Artículo publicado en la página de religión del Diario de Tarragona el sábado día 13 de enero de 2018)

La comunidad de Religiosas de María Inmaculada, Misioneras Claretianas de Reus están de celebración. Se cumple el 150 aniversario de la fundación del convento de esta congregación en la capital del Baix Camp y por ello se disponen a vivir, con júbilo, la comunidad y los ciudadanos que lo deseen, los actos centrales conmemorativos de la efemérides, que tendrán lugar el próximo sábado día 20 de enero.

Abrirá el programa de la jornada, a las 10:30 h de la mañana, la charla que dirigirá Carmen Bernal, en la sala de conferencias del Archivo Municipal, (c/ Sant Antoni M. Claret nº 31) bajo el título «Las Misioneras Claretianas en Reus 1867-2017): un recorrido histórico.»

Después, a las 11.45 h, en la casa de las Misioneras Claretianas, (c/ María Antonia Paris, n. 8) se realizará una vista al Museo de María Antonia París, acompañada de la hermana Jolanta Kafka, superiora general de la Congregación. Posteriormente habrá una charla de la propia superiora general y de Rosa Ruiz, hermana de la congregación, sobre «Misioneras Claretianas: caminos de humanización».

Los actos concluirán a las 18.00 h con la misa de acción de gracias que oficiará el Arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol Balcells, en el Santuario de la Virgen de Misericordia.

Historia y realidad

En Reus, el día 13 de julio de 1867, María Antonia París y 5 Misioneras Claretianas más, abrían la tercera casa de la orden. La primera fue en Santiago de Cuba y la segunda en Tremp (Lleida). «Nuestro Señor ya no está contento con dos casas, sino que quiere otra en honor y gloria de la Santísima Trinidad. Y así lo dije al señor Claret», dice M. Atonia París, cofundadora de la congregación junto con San Antonio M. Claret, en 1855.

Catalunya fue escogida para la expansión del naciente instituto y por diversas razones se eligió a la ciudad de Reus, necesitada de un centro para la enseñanza de niñas. María Consuelo Ferrús, actual superiora de Misioneras Claretianas en Reus, subraya que en aquel momento la Iglesia, a parte de la clausura, «la enseñanza y la sanidad era el único apostolado permitido a las monjas, y así se hizo; una educación que libere, que dé herramientas para el pensamiento crítico y autónomo, que fortalezca las capacidades», especialmente para quienes tenían más dificultades para acceder a ello: los más pobres y las mujeres.

María Consuelo Ferrús se refiere a los cambios, con el paso del tiempo, de la tarea de la comunidad reusense, pero siempre al servicio del mismo ideal. «Hay mucha vida entregada en esta casa. Desde las clases a niñas de los primeros años, hasta el Centro Residencial de Acción Educativa acogiendo a niños y niñas con necesidades especiales». La falta de recursos hizo cerrar los hogares «con dolor» pero «seguimos ofreciendo nuestra casa como centro de espiritualidad, con reuniones, retiros, formación… y por supuesto al servicio de la ciudad y las parroquias, colaborando en la catequesis, grupos de oración, formación de adultos y jóvenes, Cáritas interparroquial y pastoral de barrio», explica la superiora. «Queremos dar las gracias a todo Reus. Aquí tenéis vuestra casa; queremos seguir siendo un foco de espiritualidad, de humanización, caminar junto a tantas personas que quieren vivir y crecer en la fe, en humanidad, en  solidaridad» concluye Consuelo Ferrús.

 

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