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Me gusta observar que hacemos antes de comenzar la Eucaristía: algunos son los bancos, sentados o arrodillados, orando ante el sagrario, fijando la mirada en alguna imagen o leyendo las lecturas de la misa en la Hoja. Otros encienden lámparas en las imágenes de su devoción. Los hay que hablan, flojo normalmente para no molestar. Otros, con el móvil, aprovechando los últimos momentos antes de iniciar la liturgia para contestar mensajes de WhatsApp. Justo antes de comenzar la celebración todavía escuchas pasos de gente que llega, y con la misa comenzada todavía entran personas.

Un compañero sacerdote me dijo que la misa comienza siempre un rato antes de empezar, y tiene toda la razón. Cuánto bien nos hace llegar un rato antes para orar, leer las lecturas u observar lo que tenemos ante los ojos para vivir más atentos, centrados y dispuestos la celebración: ves el altar? Piensa que es Cristo que nos pone la mesa para dar a nosotros, su comunidad, los alimentos de su Palabra y de la Eucaristía. Ves la cruz? Piensa que la misa es la actualización de la muerte y la Pascua del Señor donde Él se nos da en el Pan y el Vino de la Eucaristía para que en estos alimentos encontramos fuerza, comunión con Él y con la Iglesia, vida, salvación … Ves las imágenes de la Virgen y de los santos? Piensa que en la liturgia están presentes con nosotros, rezan por nosotros y nos acompañan en nuestro día a día. Ves las flores? Ellas nos hacen pensar en la belleza, la fiesta, el color y la alegría que aporta la comunidad cristiana en nuestra fe. Ves los cirios del altar? Decía san Juan María Vianney: la oración es la unión de Dios con el alma como dos piezas de cera fundidas conjuntamente, que ya nadie puede separar. Sientes el olor del carbón del incensario? Piensa que la oración comunitaria es incienso agradable a Dios y que a la liturgia sube a su presencia como humo aromático (Sal 141). Voces en José, Antonia, en Sisco, Pepita, en Lucas y aquel otro que no habías visto nunca? Ruega por ellos, por ellas, por sus esperanzas, por sus enfermos, por sus dolores de cabeza, por sus ilusiones… Y cuántas cosas más podemos mirar, observar, meditar, orar mientras estamos los bancos esperando. Llegamos pues a tiempo, no hacemos tarde, dejamos el móvil, contemplamos con ojos de fe todo lo que nos rodea, dejamos que todo lo que vemos nos hable al corazón y disponemos así a celebrar la Eucaristía.

Xavier Roig Rovira, pbro.
Delegado diocesana para la liturgia

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