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Julia Erro, de la Parroquia de Sant Pere i Sant Pau de Tarragona, es voluntaria del programa de acompañamiento de Cáritas a las personas mayores, Ara al teu costat.


Esperábamos expectantes la primavera, teníamos ganas de ver y pasear por los jardines llenos de árboles y flores. Y también poder contemplar el mar tranquilo en estos días soleados.

Si sabrá la primavera
que la estamos esperando…
Cuando llegue y no nos vea
ni en las calles ni en los barrios,
cuando no escuche en el parque
el paso de los ancianos,
o el bullicio siempre alegre
de los chiquillos jugando.
Si creerá que equivocó
la fecha del calendario,
la cita que desde siempre
la convoca el mes de marzo.
Si sabrá la primavera
que la estamos esperando…
* (del poema de la Gna. Lucía, del Carmel Teresià d’Antequera)

Y de repente, todo se detuvo. Una pandemia se extiendó por todo el mundo, también por nuestro país, nuestra ciudad, nuestro barrio. Y, de repente, nuestras actividades se detuvieron. Debíamos quedarnos confinados en casa. Una nueva vida se vislumbraba para nosotros, una vida insólita, inesperada, sorprendente. Y nos preguntamos: ¿Qué haremos con los ancianos, con estas personas que acompañamos una vez a la semana? Y Nuria, nuestra responsable de Cáritas Diocesana, que está al frente del proyecto Ara al teu costat nos animó a continuar con nuestra labor, a reinventarnos de manera virtual.

Y los voluntarios de Cáritas de Sant Pere i Sant Pau de Tarragona, y me consta que el resto de personas voluntarias de toda la archidiócesis también, nos pusimos en marcha para no dejar de lado a nuestros hermanos mayores. Hablamos con ellos por teléfono, hacemos videollamadas porque nuestro acompañamiento sigue vivo; ahora a través de la distancia, pero no por ello menos próximo y enriquecedor. Necesitamos su energía, sus ganas de comunicarse y vivir porque somos y nos sentimos acompañantes y acompañados.

Cada persona voluntaria se preocupa para que las personas mayores no se sientan solas, tengan todo lo que necesitan y puedan recibir a través de Cáritas los alimentos, la asistencia sanitaria y la ayuda de las trabajadoras sociales.

Nos preocupamos por aquella persona enferma que hace tiempo que está en el hospital de Barcelona operada del corazón y pasando el Coronavirus y que poco a poco se va saliendo de todo. Y ahora lo celebramos con alegría porque ya la tenemos en casa, en el barrio, porque lo ha superado todo.

Es verdad, esta pandemia ha trastornado nuestras vidas. Pero también nos ha hecho descubrir nuestra vulnerabilidad y pobreza y la necesidad que tenemos unos de otros. Nos ha removido por dentro y nos ha hecho pensar que Dios quiere construir un nuevo proyecto en este mundo, un proyecto más humano, más cercano y más interesado por toda la familia humana. Es posiblemente un nuevo despertar hacia la fraternidad porque que el mensaje de Jesús es claro para la Iglesia y para el mundo: «Que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12).

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