Miembro del Grupo de Campaneros de la Catedral de Tarragona y de los Campaneros de la parroquia de Santa María de Montblanc, Jesús Martínez ha publicado dos libros y distintos artículos sobre el mundo de las campanas en la demarcación de Tarragona. Vinculado a la Asociación Cultural Sant Fructuós ya la Cofradía de Campaneros y Carillonistas de Cataluña es el comisario de la exposición «Tocando el cielo con una cuerda, las campanas de la Conca de Barberà» que se podrá visitar hasta este próximo sábado, día 27, en Solivella. Más adelante visitará Espluga de Francolí, Sarral, Roquefort de Queralt y Passanant.

—¿De dónde le viene el interés por las campanas?

No sabría decir cuándo empezó, pero desde pequeño me han fascinado. Recuerdo con emoción los veranos en casa de la abuela, en Santa Coloma de Queralt, a pocos metros del campanario. El sonido de las campanas siempre estaba presente y yo siempre que podía salía a la calle a verlas tocar.

—¿Cómo realizó el estudio sobre las campanas y los campaneros de la Conca de Barberà?

Primero visitamos treinta y siete de los cuarenta campanarios parroquiales de la demarcación, para inventariar todas las campanas, recogiendo los datos que han establecido los principales estudiosos del tema: tamaños, peso, inscripciones, imágenes, estado, mecanización o no…; documentándolas fotográficamente y grabando su sonido. Hablamos con las personas encargadas de los templos y de tocar las campanas, para recoger la tradición oral y las costumbres de cada sitio. Después, consultamos diferentes archivos en los que descubrimos documentación muy interesante que ayuda a dar una visión más completa al estudio.

—¿Qué ha descubierto a partir de ese trabajo de investigación?

A nivel patrimonial, a pesar de la destrucción sufrida en el período 1936-39, hemos podido constatar la existencia de campanas de los siglos XIV-XV (1); XV (1); XVI (2); XVII (5); XVIII (4); XIX (13) y XX, antes de la Guerra Civil, (4), distribuidas por toda la demarcación. Algunas de ellas se encuentran en pueblos grandes como Montblanc o Santa Coloma de Queralt, se utilizan habitualmente y están bien conservadas. Otros están en parroquias pequeñas, donde prácticamente no hay culto, donde nadie es consciente de su existencia y con frecuencia su estado de conservación es precario. Si añadimos que, en los últimos quince años, se ha producido el robo de cuatro campanas, una en Sant Magí de la Brufaganya, dos en la Glorieta y la última en Rauric; veremos que la situación es bastante dramática. Por desidia y desconocimiento, podemos perder unas campanas que históricamente han sido imprescindibles en la vida diaria de la gente y que, en la actualidad, tienen un valor incalculable.

Por otro lado, durante el siglo XX, se han producido algunas intervenciones desafortunadas en las campanas históricas, sustituyendo su instalación tradicional (yugos, tolvas y badajos) para automatizarlas y adaptarlas a nuevas modos, como el volteo continuo (propio de Castilla) o el sistema de toque lanzado (propio del centro y norte de Europa). Habría que velar para que todas las intervenciones, evidentemente necesarias, se hagan de forma respetuosa con la tradición. Aparte de las campanas, también hemos podido documentar tres matracas en Solivella, Passanant y Vallfogona de Riucorb. Por último, gracias a la documentación recogida, hemos conocido mejor el oficio de campanero, las ceremonias de bendición de las campanas y la relación de las campanas con la vida religiosa, social y comunitaria de los pueblos.

—¿Cuántos toques de campanas diferentes ha recopilado en la comarca?

En toda la provincia de Tarragona, he podido documentar nueve toques civiles y treinta y cuatro religiosos, a los que habría que sumar el repicón, que no es un toque propiamente dicho. En la Conca de Barberà y la Baixa Segarra, hemos estudiado siete civiles y ocho religiosos, algunos de los cuales todavía están vigentes.

—Fruto de este estudio ha surgido la exposición Tocando el cielo con una cuerda. ¿Qué podemos ver?

El estudio y la exposición son una iniciativa conjunta del Consejo Comarcal de la Conca de Barberà y del Museo Comarcal de la Conca de Barberà, con la colaboración, entre otras instituciones, del Archivo Comarcal de la Conca de Barberá. El resultado ha sido una exposición muy sencilla, amena y pedagógica que muestra el mundo de la campana a partir del caso concreto de nuestra comarca: su historia; el proceso de fabricación y bendición; las inscripciones y las imágenes; la instalación y los toques y, las campaneras y los campaneros. También se puede ver una campana fundida para la ocasión donde los visitantes pueden practicar los toques, el carrau (matraca) de la iglesia de Sant Jaume de Passanant y un documental que muestra los últimos campaneros de la comarca en acción.

—¿Peligra el oficio de campanero?

Toques de campana y campaneros van atados y ambos están en peligro de extinción. El oficio remunerado hace ya muchos años que desapareció, pero, hoy en día, todavía quedan voluntarios que tocan las campanas a diario. Estos campaneros no tienen relieve, aunque se está recuperando el toque manual en muchos pueblos, en ocasiones puntuales y diadas señaladas. En nuestra demarcación todavía hay campaneros voluntarios a jornada completa en Pira, Savallà, Sant Magí de la Brufaganya y Vallespinosa y, se ha recuperado en Montblanc, Lilla y Vilanova de Prades.

—La mecanización de las campanas, ¿una buena solución para preservar los toques tradicionales?

En el mundo campanero, esto es un tema controvertido. A título personal creo que podría ser una buena solución, siempre y cuando se haga bien, algo que no es habitual. A menudo, las empresas instaladoras destruyen los mecanismos que permiten el toque manual y programan una serie de toques estándar, idénticos a todos los pueblos en los que han trabajado. Habría que tener la sensibilidad suficiente para realizar instalaciones híbridas, que permitan mantener el toque manual en ocasiones señaladas y que, el resto de días, funcionen automáticamente. Y, sobre todo, programar los avisos automáticos en coordinación con el último campanero/a, si es que existen, para simular, lo más fielmente posible, los toques manuales. Para que esto ocurra, es necesario seguir trabajando para dar a conocer el mundo de la campana, con iniciativas como esta exposición, y luchar por poner en valor esta tradición tan inherente a nuestra cultura y nuestra fe.

Entrevista publicada en la Hoja Dominical del 28 de noviembre de 2021 (n. 3742)

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