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Eduard Ibáñez, director de Justicia y Paz en la archidiócesis de Barcelona, es de los pocos intelectuales católicos de nuestro país que reflexiona y opina sin temor a mojarse, con un claro compromiso con sus convicciones. Su último artículo publicado en el portal Catalunya Religió y titulado «La nueva ofensiva laicista excluyente» es un diagnóstico preciso y, en mi opinión, acertadísimo de la situación que vivimos en este momento en cuanto a la voluntad decidida de marginación social de la religión y especialmente del hecho cristiano en el ámbito público de Cataluña.

Escribe: «Un amplio frente de partidos políticos (Comuns, ICV, Podemos, CUP y en algunos ámbitos ERC o PSC… a veces con la complicidad o la pasividad de PdCat…) con el impulso de diferentes entidades sociales, así como buena parte de los medios de comunicación (incluyendo incluso la radio y la televisión públicas de Cataluña y muchas municipales, sea en sus líneas editoriales o en los ámbitos de acción de algunos de sus profesionales), trabajan día a día para desprestigiar la Iglesia católica y el catolicismo, reducir su presencia pública, limitar la colaboración de los poderes públicos (especialmente la de tipo económico), echarla de la enseñanza, acallar o tergiversar los posicionamientos eclesiales sobre determinados temas, diluir su arraigo en el magma de la creciente diversidad religiosa y restringir sus capacidades legales de funcionamiento».

Se puede decir, como hace Eduard Ibáñez, que hay un intento de desprestigiar la Iglesia Católica y el catolicismo? Yo pienso que sí. Veamos algún ejemplo.

Una supuesta acusación de abusos sexuales en una escuela cristiana ocupa gran parte de las portadas de los periódicos y los informativos varios días. En cambio, una acusación de abusos sexuales cometidos por alguien sin relación con la Iglesia Católica queda reducida a una breve información perdida en medio de las páginas de sociedad.

Expresar una opinión sobre la manera de entender la antropología humana tal como la Iglesia Católica la enseña, lleva al linchamiento mediático e incluso a «castigar» quien lo ha dicho. En cambio, burlarse y ofender gravemente los sentimientos religiosos de los católicos ante la imagen de la Virgen de Montserrat es considerado por el Síndic de Greuges simplemente como un «ejercicio reivindicativo».

También desde Madrid, se añaden a «la operación.» En las últimas semanas, hemos podido leer como, desde un diario de ámbito estatal, El Mundo, se quiere presentar falsamente una imagen de los obispos de Cataluña divididos y enfrentados por el tema catalán.

Muchos recordamos como este diario ya fue el líder de la miserable campaña que se hizo contra el Cardenal Ricard María Carles (a.c.s.) a partir de unas falsas acusaciones llegadas desde el sur de Italia contra el entonces arzobispo de Barcelona. El Mundo nunca rectificó ni se excusó del mal que había causado.

En el mismo periódico, en un artículo insultaba gravemente los obispos catalanes calificándolos de «obispos satánicos». Su autor, locutor estrella durante muchos años en la cadena COPE, habiendo perdido hace tiempo la vergüenza y la audiencia, ahora sólo le resta escribir y hablar desde la visceralidad, y hacer la «pinza» con los radicales de la extrema izquierda.

La jugada de ajedrez contra el catolicismo en Cataluña es bastante más profunda: por un lado pretende destruir la libertad de pensamiento y su expresión, y por otro lado recortar la libertad religiosa como derecho humano que conlleva una dimensión colectiva y pública.

Eduard Ibáñez hace un listado de las propuestas y actuaciones de esta ofensiva laicista, todos bien reales y contrastados:

  1. Eliminar la histórica concertación entre el Estado e instituciones religiosas cristianas en la educación y de excluir la enseñanza confesional (aunque sea opcional) de la escuela pública.
  2. Erradicar todo beneficio fiscal y colaboración pública económica con las instituciones católicas.
  3. Eliminación de símbolos y elementos con contenido cristiano del espacio público.
  4. Represión mediática e incluso legal de posicionamientos en ciertos temas simplemente porque contradicen el discurso dominante.
  5. Exclusión de ceremonias y rituales religiosos seculares cristianos de los programas de fiestas municipales de origen cristiano.
  6. Promoción de la no presencia de cargos públicos en ceremonias religiosas cristianas.
  7. Rescisión de convenios de colaboración para la atención religiosa en instituciones sanitarias.
  8. Cobertura informativa sistemática, a menudo manipuladora, de todo tipo de escándalos en el mundo cristiano (aunque sean en otros continentes), mientras se invisibiliza la práctica y la vida religiosa cristiana normal.
  9. Actividad agresiva de ciertos colectivos.

Me parece que todos tenemos mucho trabajo para que Cataluña encuentre un modelo de sociedad verdaderamente fundamentado en el respeto a los derechos de la persona y de los pueblos.

Norbert Miracle Figuerola, pbro.
Rector del Seminario Mayor Interdiocesano

Artículo publicado en la revista El Bon Pastor (n. 91-92 / Julio-Agosto de 2017) 

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