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Hace más de diez años que la hermana Sonia empezó a hacer camino en la vida eremítica en el Priorat, en la Ermita de la Mare de Déu de la Consolació de Gratallops, uno de los primeros lugares de la archidiócesis en acoger este carisma eclesial .

El temporal de nieve del pasado mes de enero, pero, derrumbó parte del tejado del eremitorio donde tenía el taller para realizar trabajos para su propio sostenimiento. Esta situación ha provocado que, de manera temporal, haya tenido que irse.

Con la voluntad de reconstruir el eremitorio y devolver la vida eremítica a Gratallops se ha iniciado una campaña en toda la archidiócesis para la recogida de fondos que lleva por lema «Volvamos la vida eremítica a la Ermita de la Mare de Déu de Consolació de Gratallops».

  ¿Qué se entiende por vida eremítica y qué importancia cree que tiene este carisma en la Iglesia?

El eremitismo del siglo XXI podría entenderse como una sencilla presencia contemplativa y eclesial en el mundo, de hombres y mujeres que, movidos por el Espíritu Santo, nos sentimos llamados a vivir en soledad y alabanza continua el misterio de Jesucristo. Entre pobrezas y deseos de autenticidad, intentamos seguir las huellas del Maestro a la luz del testimonio humilde de los primeros Padres y Madres del desierto —siglos III y IV— arraigado en la Sagrada Escritura. El eremitismo actual tiene esencialmente la misma sed de originalidad evangélica de sus inicios, aunque, ciertamente, las formas han cambiado considerablemente. Con sencillez intentamos aportar y recordar a la vida eclesial la necesaria intimidad del creyente con Cristo en una relación viva, asidua y personal y, al mismo tiempo, solidaria con todos.

¿Cómo se sintió llamada a esta vocación?

En mi caso, la llamada a la vida eremítica ha sido acogida dentro de un largo e intenso proceso de discernimiento personal y eclesial, de maduración vocacional dentro de la misma llamada a la vida consagrada, donde llevo veinticinco años, de ahí que me refiera a ella como la «llamada dentro de la llamada».

Los primeros quince años en la vida religiosa, en la congregación de Madres de Desamparados y San José de la Montaña, me ayudaron a disponerme mejor, después de una larga experiencia de vida comunitaria y de servicio al prójimo, a recibir el don de la vida contemplativa y, en ella, de la vida eremítica. Así, en junio del año 2010, empecé este camino en la ermita de la Mare de Déu de la Consolació de Gratallops, y después de un tiempo de prueba, formación y discernimiento, hice profesión de los consejos evangélicos como eremita en forma de votos el año 2014. En todo este discernimiento vocacional, estuvo concretamente la figura de san José, su talante orante, silencioso y contemplativo.

El fuerte temporal de nieve del pasado mes de enero derrumbó parte del tejado del eremitorio mientras usted estaba dentro. ¿Cómo lo vivió?

Pienso que lo que podría considerarse un susto, en el sentido puramente material a raíz del derrumbe de partes del tejado del eremitorio nos está hablando de redescubrir una dimensión más profunda, superior y perdurable de lo que fundamenta nuestra vida de fe. Aunque parezca una desgracia, nos descubre lo que verdaderamente perdura en nosotros gracias al don de la fe, que es la vida de la Gracia, que es la intimidad con Dios y de su presencia y estancia en nosotros, lo que decimos la ermita interior.

El futuro empieza por la mirada interior del corazón con la esperanza cierta que Dios nunca nos abandona, que su vida en nosotros no se derrumbará nunca, porque está presente verdaderamente y en toda situación.

¿Por qué es importante colaborar en esta campaña?

La ermita de la de la Mare de Déu de Consolació, al igual que otras ermitas de nuestra archidiócesis, es un patrimonio religioso y espiritual, que tiene un valor mucho más profundo y sublime porque es más importante y permanece a lo largo de los siglos a pesar de los infortunios, las profanaciones y las guerras. Este patrimonio espiritual son las piedras vivas de las oraciones, no sólo de los orantes ermitaños que habitan, sino de todos los fieles y devotos que han venerado a la Virgen en esta colina a lo largo de los siglos. Por ello, es importante colaborar, porque eso es lo que debe perdurar siempre, la fe del pueblo, y todo lo que el eremita ayuda con su oración continuada.

Colaboramos con ellos, ya sea por medio de la oración o por medio de algún donativo que generosamente podamos ofrecer con la libertad del corazón, desvinculando la persona del eremita con el edificio. Porque lo que cada uno pueda ofrecer, es tan sólo por Nuestra Buena Madre, la Santa Virgen María, en beneficio de su Hogar, que es también nuestro patrimonio eclesial, histórico, cultural y espiritual.

Entrevista publicada en el Full del domingo 21 de febrero de 2021

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