Este jueves, día 8 de noviembre, la Congregación de la Causa de los Santos ha promulgado el Decreto de beatificación del Siervo de Dios Mariano Mullerat y Soldevila, padre de familia y médico de profesión, muerto el 13 de agosto de 1936 en El Plan, cerca de Arbeca, por odio a la fe.

Tras comprobar la fama de martirio extendida entre los fieles y con el cumplimiento de las exigencias del Derecho, el día 9 de julio de 2003, siendo arzobispo metropolitano de Tarragona y primado el Dr. Lluís Martínez Sistach, decretó abrir la Causa diocesana y, un año después, el día 26 de abril de 2004 se celebró la sesión de clausura. La Congregación para la Causa de los Santos otorgó el decreto de validez de los actos en 2007.

El lugar y fecha de la celebración de beatificación se darán a conocer próximamente.

Breve perfil biográfico de Marià Mullerat y Soldevila

Marià Mullerat nació en Santa Coloma de Queralt el 24 de marzo de 1897. A los trece años fue enviado a Reus donde ingresó en el colegio «San Pedro Apóstol», perteneciente a los religiosos Hijos de la Sagrada Familia, fundados por San José Manyanet. En 1914 comenzó la carrera de medicina en la Universidad de Barcelona siendo uno de los estudiantes más activos que recorría, especialmente durante las vacaciones, varios pueblos y ciudades dando conferencias sobre temas católicos y sociopolíticos en conformidad con la doctrina de la Iglesia. Obtuvo la licenciatura en medicina y cirugía en octubre de 1921.

Meses más tarde, el 14 de enero de 1922, contrajo matrimonio con Dolores Sans y Bové en Arbeca. En esta población establecieron su hogar, y allí, y en varios pueblos vecinos, ejerció como médico. Del matrimonio nacieron cinco hijas, aunque la primogénita murió apenas nacida en enero de 1923. Perteneció a la asociación de los EE Parroquiales. Se inscribió en el Apostolado de la Oración y fue presidente del grupo de la Perseverancia de la fe. Animaba los enfermos graves a recibir los sacramentos, asistía a los pobres de manera gratis y hasta los ayudaba con medios materiales.

En 1924 fue elegido alcalde de Arbeca, cargo que ejerció por dos trienios consecutivos, hasta marzo de 1930. Era respetado por sus conciudadanos y trabajó en favor de una convivencia en paz entre los habitantes de la villa, e impulsó el progreso en los diferentes ámbitos, también en el religioso.

En 1931, al proclamarse la Segunda República Española, se manifestó muy consciente de la gravedad de la situación y del peligro que corría su propia existencia, por motivo de la fe que profesaba en el ámbito personal y profesional.

La mañana del día 13 de agosto de 1936 fue sacado violentamente de su domicilio. Incluso, en este momento, no dejó de hacer el bien a aquellos que lo perseguían. Junto con otros cinco detenidos fue llevado a «El Plan», a unos 3 kilómetros de distancia de Arbeca, donde fue muerto.
La fama del martirio del Siervo de Dios comenzó raíz del conocimiento de su muerte y fue aumentando con el paso del tiempo.

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