El Dr. Miquel Domènech (Ascó, Ribera de Ebro, 1957) es padre de familia y médico geriatra del Hospital Pius de Valls, profesión desde la que ha podido servir, durante más de veinte años, a la Hospitalidad. El pasado día 20 de enero fue elegido en asamblea nuevo presidente de la Hospitalidad diocesana para un período de cuatro años.

 —¿Qué significa para usted estar al frente de la Hospitalidad diocesana?

Es un honor y una gran responsabilidad continuar con la gran labor que han desarrollado las juntas anteriores desde el inicio, en el magisterio de nuestro fundador, el Dr. Pont i Gol. Formamos una gran familia, muchos nos conocemos desde hace muchos años y hemos compartido momentos de intensa emoción y también alguna tristeza. Todo ello con el cobijo de la Virgen de Lourdes y Santa Bernardette. Que los compañeros hospitalarios hayan pensado en mí me motiva y me apasiona.

—Ha sido elegido en asamblea nuevo presidente de la Hospitalidad para un período de cuatro años. ¿Cómo afronta esta nueva etapa?

Mi intención es dar a conocer la Hospitalidad sin perder el sentido y objetivos fundacionales: cuidar de los débiles y vulnerables y acompañarlos a la peregrinación diocesana a Lourdes presidida por el Sr. Arzobispo. Al mismo tiempo, cuidar y fomentar la espiritualidad y el trabajo en equipo de sus miembros a lo largo del año. Si no nos cuidamos en todos los aspectos a nosotros mismos no podemos cuidar y acompañar a los demás.

—Su vínculo con Lourdes empezó hace muchos años…

 Recuerdo la primera vez, con nueve años, que fui con los padres y la tía. Era un día frío y lluvioso. Quedé muy impresionado por el tipo de enfermo que vi, que actualmente ya no está. Después fui una vez en 1984 con la Hospitalidad de Barcelona, ​​cuando hacía una estancia en un hospital cercano, de Toulouse, y finalmente, a partir de 1992, como médico con nuestra hospitalidad tarraconense, tarea que he ido desarrollando hasta la actualidad. Ahora no sé si, a partir de ahora, la responsable del servicio médico de la hospitalidad me dejará hacer algo de mi oficio…

—Como creyente qué supone peregrinar a Lourdes?

 Es fantástico. Vas para servir, te cansas mucho y encuentras que recibes el mil por uno. Probablemente este es el sentido más evangélico de la peregrinación: el contacto con los enfermos, hospitalarios y peregrinos. Lourdes es un gran espacio donde puedes compartir tus sentimientos, creencias y sentido de vida con personas vulnerables como tú mismo.

¿Cómo ve la situación actual de la Hospitalidad? ¿Ha cambiado mucho con el paso del tiempo?

Es una situación muy de acuerdo con los tiempos de incertidumbre a todos los niveles que vivimos. Ciertamente hemos tenido los últimos años un descenso de enfermos, peregrinos y hospitalarios. Me preocupa mucho la sostenibilidad económica derivada de todo ello. Toda la junta de la hospitalidad está trabajando. Por este motivo, hago un llamamiento a todos, empezando por las parroquias, voluntariado, especialmente jóvenes y estudiantes y compañeros sanitarios, que hagan la experiencia vivencial y de acompañamiento con los enfermos a Lourdes. ¡Es una terapia que engancha y que muchos repiten cada año!

Artículo publicado en el ‘Full Dominical’ del 17 de febrero de 2019 (n. 3597)
Fotografía cedida por la Hospitalidad diocesana de Nuestra Señora de Lourdes

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