Navidad es tiempo de alegría, de nuevos deseos, de ilusiones, de paz, de sacar lo mejor de nosotros mismos, de mirar más allá y ponernos en lugar de los otros para que sean felices, de ser solidarios. Es el momento para el reencuentro, para la ayuda, para el compromiso.

Desde Cáritas nos añadimos a la joya de la Navidad con un mensaje de alegría, de confianza y de esperanza a toda la sociedad. Creemos firmemente que nuestro compromiso hacia las personas más vulnerables mejora el mundo y que un nuevo mundo es posible, si muchos de nosotros lo queremos y trabajamos en esta dirección. Por este motivo, esta Navidad os invitamos a ser parte de nuestro compromiso.

La alegría y esperanza de la Navidad no oculta que vivimos en «una economía de la exclusión y desigualdad. Esta economía mata.» Como nos dice el Papa Francisco en la exhortación La alegría del evangelio: «Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. .. Hemos iniciado la cultura del descarte “.

A pesar de la recuperación económica de los últimos años, la labor social de Cáritas sigue siendo hoy imprescindible para muchas personas que no tienen trabajo o que se encuentran atrapadas en la precariedad laboral, que sufren soledad, que no pueden garantizar la igualdad de oportunidades para a sus hijos, que no pueden acceder a una vivienda en condiciones, que procedentes de procesos migratorios variados no consiguen el reconocimiento de sus derechos fundamentales ni pueden satisfacer sus necesidades básicas.

El día a día de Cáritas está lleno de historias de personas que se ven excluidas y marginadas por razones diversas y viven situaciones cada vez más complejas. Pero también de experiencias gozosas y esperanzadoras que nos animan a continuar como las 3 que presentamos a modo de ejemplo, con los nombres de las personas cambiados. La primera, una actuación de emergencia, las otras dos, procesos largos de acogida y de apoderamiento personal.

Dos familias brasileñas que de repente son desahuciados del apartamento donde vivían y se encuentran en la calle un atardecer de noviembre. Ocho personas, en total: una pareja con la mujer embarazada, que ya lleva un tiempo entre nosotros; otra pareja, con cuatro hijos entre ocho y dieciséis años, recién llegada que sólo habla portugués. Vinieron con una promesa de vivienda y fueron engañados. La policía municipal les da el teléfono de Cáritas: el municipio no tiene servicios de urgencia social para atenderlos a estas horas. Desde Cáritas rápidamente se busca un hostal sencillo para que tengan alojamiento. Vienen a la parroquia cargados de maletas y enseres, que dejan en el local de Cáritas. Se les explica los pasos y las gestiones que deben hacer y reciben el dinero para pagar el hostal. A la mañana irán a la oficina de bienestar social, que se hará cargo de su situación. El futuro que les espera es difícil e incierto. Por lo menos, a Cáritas los hemos acogido de manera inmediata y han evitado una noche fría a la intemperie con los niños y la mujer embarazada.

Cuatro hombres acogidos por Cáritas en una vivienda compartida. Pedro, trabajador responsable de una industria en un país lejano, huyó por miedo a perder la vida. Ha tramitado la pensión que por edad le corresponde. Juan, después de seis meses en la calle, por orden de alejamiento familiar, es acogido y acompañado por rehacer la vida, médicamente y socialmente. Andreu, queda en la calle en quedarse sin trabajo, ha continuado su formación para buscar un empleo estable. Santiago, dado que su familia vive lejos, busca habitación para él. Se ha acogido y se asume el acompañamiento médico y psiquiátrico que necesita. Con una aportación de 160,00 € mensuales cada uno, tienen habitación y espacios comunes compartidos en una vivienda y han conseguido el empadronamiento. Tienen techo, como primer paso mientras buscan un hogar, y con el acompañamiento de Cáritas tienen una nueva esperanza.

Tres jóvenes migrantes en una vivienda de acogida. De diferentes países africanos y procesos de llegada también diversos, tres jóvenes migrantes mayores de 18 años, sin tutela de la administración pública, comparten un piso de Cáritas. Con un seguimiento personal individualizado, itinerarios de formación y de inserción laboral, abastecimiento de alimentos y de ropa, tramitación de papeles, gestión del piso y acompañamiento general intenso de profesionales y voluntarios de Cáritas, estos chicos tienen la oportunidad de regularizar su situación, de adquirir una formación y de conseguir su autonomía personal. Un proceso lleno de dificultades de un mínimo de dos años.

Con alegría, confianza y esperanza desde Cáritas acogemos y acompañamos personas que lo necesitan. Quieres ser parte de nuestro compromiso? Puedes hacerlo de muchas maneras:

-realizando un donativo puntual
-haciéndote socio y colaborando de forma continuada
-viviendo de manera austera y consumiendo de manera responsable
-cediendo temporalmente una vivienda
-siendo voluntario para acompañar personas, asesorar, dar apoyo administrativo o gestionar procesos.

Salvador Grané Terradas,
director de Cáritas Diocesana de Tarragona

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