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Casados desde hace treinta años y padres de dos hijos, Belén Padrón y Marcel Pallejà llevan muchos años haciendo misión en diferentes ámbitos y proyectos de laicado y pastoral familiar, tanto en la archidiócesis como las Dominicas de la Enseñanza, congregación de la que forman parte activa como laicos integrados carismáticamente siendo miembros de la comunidad mixta de hermanas y laicos que la Congregación tiene en Tarragona. Pertenecen al Centro de Preparación para el Matrimonio (CPM), y celebran su fe en la comunidad parroquial de San Pedro y San Pablo.

Con ellos conversamos sobre los nuevos proyectos y la misión de esta nueva delegación.

— ¿Cómo están afrontando esta nueva responsabilidad?

Después de que el arzobispo Joan nos encomendara encabezar la nueva delegación diocesana para los laicos y la familia, fruto de la unión de las antiguas delegaciones de apostolado seglar y de pastoral familiar, hemos asumido esta responsabilidad con mucha alegría y agradecimiento por la confianza depositada en nosotros. El reto es alentador, porque hoy más que nunca el laicado debe reforzar su vocación para ser aún más corresponsable en la misión evangelizadora de la Iglesia. Y eso quiere decir que laicas y laicos, solteros y casados, debemos ser más «activos personalmente y en grupo» y que desarrollemos «determinados ministerios y servicios en la vida de la Iglesia» tal como el arzobispo expresa en su exhortación pastoral El espíritu rejuvenece a la Iglesia. Eso sí, los organismos eclesiales deberán seguir dando pasos para que esta corresponsabilidad sea cada vez más realidad.

No queremos dejar de dar gracias a los antiguos delegados, con sus equipos, de apostolado seglar y de pastoral familiar, por su buena dedicación pastoral en ambas delegaciones: nos han dejado el camino bien marcado.

¿Por qué debe velar esta delegación?

En primer lugar, debe velar para promover la vocación del laicado, impulsando el desarrollo de su misión en la Iglesia y en la sociedad. Para ello será necesario ayudar a las mujeres y los hombres de nuestra archidiócesis, tanto jóvenes como adultos, a que valoren y fortalezcan su identidad cristiana con la formación y el acompañamiento adecuados que refuercen su compromiso pastoral y social, así como sus responsabilidades eclesiales. Creemos imprescindible que laicas y laicos hagamos un paso adelante para prepararnos, no sólo para aceptar funciones y servicios dentro de las comunidades sino también, y sobre todo, para participar en una decidida y valiente acción transformadora de la sociedad a partir de nuestra vida en familia, en el mundo laboral, en el vecindario, en los grupos y asociaciones sociales, políticas, culturales o deportivas en las que participamos.

En segundo lugar, y ligado con lo anterior, la delegación debe cuidar de la familia cristiana en su ámbito más global, ya que es el camino diario de la mayor parte del laicado para ser misión y, sobre todo, el primer lugar donde se vive y se transmite la fe, donde se refleja el amor de Dios por el testimonio de padres e hijos, sin olvidarnos nunca de los abuelos. Debemos promover la evangelización desde la familia, pero también, como laicos que la forman, es necesario que se vayan incorporando a los equipos de agentes de pastoral que están al servicio de la pastoral diocesana.

Finalmente, seguiremos acogiendo, acompañando y orientando aquellas familias que, por diversas circunstancias de crisis de pareja o de relación con los hijos, lo necesiten para seguir adelante con su vida de amor y misión en común. Por eso hemos impulsado el Servicio de Acompañamiento y Orientación Familiar (SAIOF), a partir del antiguo Centro de Orientación Familiar diocesano, para atender estas necesidades, y también para acompañar familias cristianas reciente llegadas a Tarragona, que necesiten conocer la red diocesana en todos sus aspectos.

¿Cuáles son las prioridades para este curso?

Nuestra intención desde el pasado mes de septiembre era reunir todas las realidades diocesanas vinculadas a la pastoral seglar y familiar, para conocernos y establecer líneas de acción de la nueva delegación, pero no ha sido posible. Lo tenemos pendiente para cuando mejore la realidad pandémica, porque hay que establecer una red diocesana con todos estos equipos, movimientos, fraternidades, comunidades, etcétera, para que juntos llevemos a cabo la acción misionera de la delegación.

Pero hoy por hoy, al ser una nueva delegación, la prioridad ha sido formar un primer equipo de trabajo con la creación del Secretariado para la Familia y el nombramiento, por parte del arzobispo Joan, del matrimonio Josep Valls y Mariona Dolcet como directores, y el impulso del nuevo SAIOF con el matrimonio David Salvat y Emma Roquet al frente, que junto con nosotros dos y con Mn. Joan Miquel Bravo como consiliario, hemos empezado a establecer objetivos y líneas de acción inmediatas. Entre ellas cabe destacar la organización del Año dedicado a la familia, que ha convocado el papa Francisco a partir del próximo 19 de marzo y que está dedicado a dar un renovado impulso a la encíclica Amoris Lætitia, y en segundo lugar la preparación del despliegue de las iniciativas y propuestas surgidas del Congreso de laicos celebrado en Madrid en el año 2020. Aparte de estos dos grandes proyectos, no vamos a dejar de ir haciendo las acciones concretas que nos corresponden como misión propia de la delegación

—¿Qué importancia tiene la convocatoria de este Año de la familia? ¿Cómo se concretará en la archidiócesis?

En las circunstancias actuales es un muy buen acierto revitalizar la encíclica Amoris Lætitia y hacer que vuelva a emprender el vuelo en todos los ámbitos pastorales de la Iglesia, es decir, no sólo a los que se vinculan con nuestra delegación sino globalmente a los de todas las vicarías de la archidiócesis, ya que impulsar el hecho de que «la alegría del amor que se vive en las familias es también el gozo de la Iglesia» como dice el Papa, corresponde a todos. Por ello la delegación tiene casi listo un programa de acciones para este año que pronto daremos a conocer y que acabará, si Dios quiere, llevándonos a Roma a finales de junio de 2022 por el Encuentro Mundial de Familias.

Desde ahora hacemos, ya, un llamamiento a todas las comunidades parroquiales, religiosas, educativas, laicales … a apoyar este Año Amoris Laetitia para seguir, juntos, predicando que la realidad del amor de Dios es la verdadera respuesta a lo que el mundo necesita para seguir siendo una comunidad humana viable.

Entrevista publicada en el Full del domingo 28 de febrero de 2021

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