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PREVIOS

  1. La Exhortación episcopal es de contenido sólido y comprensible a la vez. Es el estilo habitual de nuestro arzobispo, del que son ejemplo sus cartas semanales.
  2. Comunión y Sinodalidad son palabras (las del título) de un vocabulario que el lenguaje cristiano utiliza para expresar algunos contenidos de la fe.
  3. Son dos palabras provenientes de las Iglesias de Oriente, de las cuales la Iglesia de Occidente ha recibido un extenso vocabulario y todo un sistema de pensamiento que se construyó en los primeros siglos y cristalizó sobre todo en las definiciones de los 4 primeros concilios ecuménicos .
  4. La Exhortación contiene numerosas citas bíblicas, patrísticas, conciliares (C. Vaticano II y C. Provincial Tarraconense), otros documentos del magisterio eclesiástico, escritos de teólogos… que enriquecen, avalan o fundamentan su contenido.
  5. El documento, por sí solo, es todo un indicador de la importancia que el arzobispo reconoce en el Sínodo episcopal convocado por el papa Francisco.
  6. Al convocar, Francisco, una fase diocesana previa como parte de este sínodo episcopal, con la participación de todo el pueblo santo de Dios, el Papa invita a las Iglesias a un ejercicio práctico de sinodalidad. (También en la fase diocesana del Concilio Tarraconense de 1995, tomaron parte más de 40.000 participantes en diferentes grupos en toda Cataluña).
  7. La comunión determina la naturaleza de la sinodalidad. Por eso la Exhortación dedica la 1ª parte a la comunión, y la 2ª a la sinodalidad.
  8. El arzobispo invita a una participación realista, en un trabajo al alcance de todos los que quieran sumarse al ritmo y según las posibilidades de cada uno, cercanos y alejados. Nadie debería declinar esta invitación pensando que «eso no es para mí».

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La finalidad pretendida con el presente breve escrito, es estimular la lectura de la Exhortación episcopal, en modo alguno ahorrarla.

Ofrecemos algunas citas de la Exhortación (a veces con texto discontinuo), en negrita.

BREVE RECORRIDO

COMUNIÓN

Comunión significa ‘lo que tenemos en común‘. La palabra comunión no se encuentra en los documentos del Vaticano II, pero su sentido empapa su contenido. Se convirtió en habitual, la palabra, a partir del Sínodo episcopal de 1985. Y nuestro C. Tarraconense, en 1995, convocado para la recepción del Vaticano II, dedicó a este tema las resoluciones de la IV parte.

Es en la persona de Jesús que Dios se da a conocer como comunión de personas: Dios uno subsiste en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: un solo Dios en tres personas. La comunión eclesial tiene su fuente y el fundamento en esta comunión intratrinitaria: la comunión eclesial tiene su fundamento en la “participación” en la vida de Dios Padre, revelada en Jesucristo y comunicada por el Espíritu Santo en nuestros corazones.

Cada uno personalmente entra en comunión con Dios Trinidad, pero también lo hacemos todos juntos, como asamblea sinodal. Somos Iglesia de la Trinidad.

Dios cumple su voluntad de hacer partícipe de su vida trinitaria a la persona humana en la Encarnación del Hijo, es decir, cuando el Hijo se convierte en ser humano. Somos empujados a vivir y cultivar entre nosotros, esa misma comunión que Jesús vive con el Padre. Esta íntima comunión con Jesús se realiza de forma sacramental en el bautismo.

La comunión eclesial es obra del Espíritu Santo.

Esta perspectiva comunional ha supuesto un cambio en la eclesiología: el sujeto principal de la Iglesia no es el ministerio ordenado sino toda la comunidad de bautizados, es decir, todo el pueblo de Dios en sus diversos ministerios, servicios y funciones… La comunión tiene prioridad sobre los ministerios.

Vivir las actitudes propias del Reino (desprendimiento, servicio…) es imprescindible para entrar en el misterio de la comunión eclesial.

El Vaticano II nos recuerda que en la Eucaristía se manifiesta y edifica la Iglesia como comunión (la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia, según un antiguo aforismo). La Eucaristía fundamenta y sacramentaliza la comunión del bautizado con Cristo y de todos los bautizados entre sí.

La comunión eclesial es obra de Dios; es de suyo, no mérito ni obra nuestra. Comunión, palabra que expresa y define a la Iglesia.

SINODALIDAD

Sinodalidad significa ‘caminar juntos‘. Este andar es la necesaria consecuencia de una Iglesia que es comunión: no podemos sino andar juntos quienes hemos sido injertados en la misma cepa y participamos de la misma savia.

La sinodalidad se manifiesta en estos tres frentes: la corresponsabilidad de todo el pueblo de Dios… la colegialidad episcopal (concilios provinciales, conferencias episcopales, sínodos episcopales, concilios ecuménicos)… la colaboración y la cooperación de los presbíteros con el obispo, en el marco de la Iglesia local o diocesana.

Y, aún, tres niveles en el ejercicio de la sinodalidad: Iglesias particulares, provincias eclesiásticas y conferencias episcopales, e Iglesia universal.

Al referirse al ejercicio de la sinodalidad en el ámbito diocesano, el arzobispo se refiere al símbolo empleado por el papa Francisco: el poliedro (en vez de la esfera) para dar a entender cuál debe ser la forma de ‘caminar juntos’: porque el poliedro es la unión de todas las parcialidades, es decir, pluralidad de diversidades y complementariedad.

El Papa también habla de la preferencia del “tiempo” por encima del “espacio”; quiere decir, respetar el camino y el ritmo de cada persona (su tiempo), para que en este “camino que hagamos juntos” cada uno encuentre su sitio.

Los consejos facilitan el ejercicio de la sinodalidad, también cuando se espera un voto “consultivo”, necesario para quien debe tomar las decisiones, dada su fuerza vinculante (aunque no sea deliberativo), más allá de la formalidad jurídica.

El camino sinodal requiere unas actitudes espirituales, como éstas que señala el arzobispo: escucha humilde, comunión fraternal, abiertos a la acción del Espíritu, oración, dar juego a la participación, actitudes humanas.

CÓMO «CAMINAREMOS JUNTOS» EN NUESTRA ARCHIDIÓCESIS

El arzobispo indica las acciones de la pastoral diocesana en cinco ámbitos. Son un buen ejercicio de sinodalidad de cara al presente curso.

Añade los diez núcleos temáticos que el Papa propone en el documento preparatorio del Sínodo. Las preguntas ayudan a la reflexión. Son un andador para el ejercicio de la sinodalidad.

Joaquim Claver Caselles, pbto.

Artículo publicado en la revista Església de Tarragona (noviembre-diciembre 2021 / n. 324)

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