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Puedo decir orgullosamente que ya son tres, tres veces haciendo el Camino, el Camino de Santiago. Cada uno ha tenido sus momentos, su gente, sus lugares, incluso yo mismo puedo decir que he intervenido de diferente manera; de niño, y esta vez como animador. No sé cuál de las dos maneras me ha cautivado más, no lo sabría decir, pero lo que sí puedo afirmar es que este regalo, esta oportunidad me ha servido, y mucho.

Este camino ha sido diferente, diferente en muchos aspectos, puede que no éramos tantos como los otros años, pero creo que ha sido eso lo que ha hecho que hubiera muy buen ambiente, mucha piña. Un camino lleno de emociones, de buena convivencia, de solidaridad, de fe, de oración…

Iniciamos el camino con ganas, con alegría, pero a medida que pasaban los días se notaba el cansancio, quizás también más añoranza, pero la parte buena tenía más peso en la balanza, y es que cada día era una nueva oportunidad, una oportunidad para hacernos preguntas, para conocer mejor a la gente que nos rodeaba, para fortalecer relaciones, para hacer otras nuevas, pero sobre todo, para poder conocernos mejor a nosotros mismos. Porque es eso lo que busca el camino, un esfuerzo interior, de pensar en la vida, de saber quiénes somos, de valorar lo que tenemos, de pensar y cambiar aquello que no hacemos bien, o aquello que podríamos hacer mejor, y también el que es muy importante y que a menudo olvidamos, de acercarse a Dios.

Como animador, estoy contento de haber visto este esfuerzo en cada uno de los jóvenes, de haberlos ayudado a trabajar estos aspectos, ya sea mientras caminábamos, en los proclaims, en los trabajos en grupo, en los momentos de descanso… Y personalmente yo también estoy contento de mí mismo, porque también he hecho este esfuerzo, he cumplido lo que quería, que era mejorar la fe, la relación con Dios, una relación que a veces estaba apagada, estancada, que era pobre, pero que gracias al Camino se ha fortalecido.

Y ahora podemos decir que el Camino ya forma parte de nosotros, ya es recuerdo, un recuerdo que estoy seguro de que todos lo mantendremos vivo, porque esto no se ha acabado aquí, ahora viene la parte que más nos cuesta, continuar caminando, caminando pero, con todo lo que hemos aprendido, que hemos vivido con intensidad y que nos ha ayudado a ser mejores personas.

Gracias de todo corazón, gracias a todos los jóvenes por haber venido y por haberse comportado de una manera tan correcta; al conjunto de animadores, Lluís, María y Remei por hacerlo posible, a Adrià, Neus, Magda y Judit por el excelente trato, esfuerzo y dedicación, a mosén Josep Mateu y mosén Joan Águila por su empatía y predisposición, por su manera tan cercana de transmitirnos la fe. Y sobre todo, quiero dar gracias a Dios, gracias por habernos hecho vivir esta experiencia tan especial y maravillosa.

Miquel Arjona Domingo
Joven de la parroquia de Sant Jaume Apòstol de Riudoms

 

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