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Este material, coeditado por el Museo Bíblico Tarraconense y el Departamento de Medios de Comunicación del Arzobispado, y realizado por prestigiosos biblistas de la Asociación Bíblica de Cataluña, pretende ser un material didáctico de utilidad para todos especialmente para catequistas y profesores.

El miércoles día 7 de febrero tuvo lugar el acto de presentación, presidido por el Sr. Arzobispo, Mons. Jaume Pujol, a cargo de M. de la Esperança Amill, vicepresidenta de la Asociación Bíblica de Cataluña.

A continuación reproducimos el texto de la presentación:

El volumen es nuevo pero, de hecho, sus páginas ya hace un año y medio que empezaron a llegar a nuestras manos, en forma de coleccionable, incluido dentro de la revista «Església de Tarragona». Un coleccionable que nació con el objetivo de ofrecer a los lectores un material de naturaleza didáctica que contribuyera a transferir el conocimiento de la Historia Sagrada a través de una selección de personajes bíblicos, un material elaborado con la esperanza de que pueda ser útil a creyentes y no creyentes en un intento de acercar, un poco más, la riqueza espiritual y cultural de las Sagradas Escrituras a toda la sociedad.

El origen de todo ello, la nueva colección de figuras que el museo acababa de incorporar en sus salas y la voluntad siempre renovada del equipo de profesionales del museo para ofrecer un nuevo instrumento pedagógico que permita desvelar y enriquecer el conocimiento de las Sagradas Escrituras; un afán constante desde los inicios de la fundación del Museo bíblico por parte del Dr. Vallès.

Fijémonos en el contenido de la obra que hoy presentamos: «La historia de la Salvación a través de los personajes bíblicos», unos personajes que son para nosotros muestra de la presencia de Dios en la historia humana, testimonios en primera persona de la intervención providencial de Dios en cada una de sus vidas, en cada una de nuestras vidas, de acuerdo con el plan salvífico de Dios para toda la humanidad.

Al abrir la primera página de la Bíblia leemos la gran afirmación de fe hecha por los sabios de Israel: Al principio, Dios creó el cielo y la tierra (Gén 1,1). La historia que comienza así, la historia de la salvación, tiene dos grandes protagonistas: Dios, que creando el mundo se da a conocer, y la humanidad, los hombres y las mujeres, los únicos seres creados a imagen de Dios, los representantes del Altísimo en la tierra, el centro de la creación; los únicos seres de la creación capaces de amar, de recordar, de escoger, de dudar, capaces de escuchar y comprender lo que Dios les dice, de dialogar, de entrar en relación con Dios mismo.

Dios no es sólo creador del primer hombre sino de toda la humanidad, de cada uno de los hombres y mujeres individuales. Nos conoce desde el principio, hemos sido moldeados por sus manos como la arcilla en las manos del alfarero (Jr 18,6), vestidos por él de piel y carne, tejidos de huesos y nervios (Jb 10,10-11). Dios tiene un proyecto de vida para cada uno de los hombres y mujeres, nos ha infundido vida y amor, vela por nuestro aliento (Jb 10,12), dentro de su plan salvífico tiene pensada una misión para cada persona. Recorriendo las páginas del libro que presentamos, descubrirá el rol que Dios ha encomendado a cada uno de los actores en esta apasionante obra de la redención.

No podemos detenernos en cada uno de los 40 personajes bíblicos presentados en el libro pero dejadme que os haga una degustación siguiendo los textos escritos por un grupo de biblistas pedagogos, miembros todos de la Asociación Bíblica de Cataluña.

Empecemos por el inicio. La Biblia nos presenta a Adán y Eva como padres de la humanidad. Creados por Dios y puesto en un paraíso, el Señor los bendice y les encomienda la misión de crecer, multiplicarse, llenar la tierra y pasear, de cuidarlo, pero son expulsados ​​por no ser fieles a la sabiduría del Señor. Sin embargo Dios sigue velando por Adán y Eva ofreciendo, a su descendencia, la guía del camino acertado.

Las buenas relaciones con la naturaleza se rompen. Las relaciones entre el hombre y la mujer son presididas por el deseo y la voluntad de dominio. Comienza una historia de violencia y de mal.

El Señor se entristece al ver que los hombres sólo piensan en hacer daño y decide enviar el diluvio. ¿Cuál será el rol de Noé en la historia de la Salvación? La narración del diluvio, que parece centrarse en la maldición y castigo del Señor, hace un giro cuando Dios mira con benevolencia Noé —un hombre justo e irreprensible que sigue los caminos de Dios— y decide mantener con él su alianza (Sir 44,17-18). El diluvio, que podría haber significado el fin de toda vida sobre la tierra, con la colaboración de Noé, deviene símbolo de lo que Dios habría podido hacer y no hace.

Dios ama a la humanidad sin límites. Su plan consiste en escoger un pueblo que será testigo de su amor hacia toda la humanidad. Dios irá revelándose —dando a conocer a este pueblo— y los hará saber que él, el Señor, quiere volver a vivir muy cerca de las personas que ha creado y que la habían abandonado. Y Dios llama Abraham a dejarlo todo, con las promesas de una descendencia numerosa, de una tierra en posesión y de la bendición de Dios. Él y su esposa Sara, a pesar de su edad avanzada, son obedientes y se van a una tierra desconocida. La historia de Abraham y Sara ya la conocemos. Para nosotros, Abraham es el padre de la fe que nos invita a subir a la montaña de Moriá a despojarnos de nuestros egoísmos para cumplir, con libertad, la voluntad de Dios.

Y es el Señor quien dirige la historia, esta es la dimensión teológica de los hechos narrados en las Sagradas Escrituras. Y es el Señor quien habla a Moisés cara a cara, como un hombre habla con otro (Éx 33,11), y es a través de Moisés que Dios salva a su pueblo y los israelitas pasan por el medio del mar a pie enjuto (Éx 14,16). El Señor salva a Israel de las manos de Egipto (Éx 14,30). El Éxodo convertirá el evento nuclear de la fe de Israel, que es fe en un Dios que es señor de la vida y de la libertad. Las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que Dios ha escrito y que da a Moisés en el Sinaí, son expresión de liberación y de la presencia del Dios salvador en la historia.

Dios interviene en la historia en cada época y en cada pueblo, y cuenta con la complicidad de hombres y mujeres de fe. Como Rut, presentada en las Sagradas Escrituras como modelo de quien, siendo extranjera, es capaz de renunciar a su pueblo ya su fe y fue a vivir en medio de un pueblo que antes no conocía (Rut 2,11) y refugiarse bajo las alas del Señor, Dios de Israel (Rut 2,12). La fe que ella ha hecho suya no es una fe individualista, sino que está arraigada en un pueblo, en una cultura y en un momento concreto de la historia humana. En el compromiso de Rut, resuenan muchos otros textos del Antiguo Testamento que expresan la alianza del Señor con Israel, como Éx 6,7: Haré de vosotros mi pueblo y yo seré su Dios.

Dios interviene en la historia en cada época y en cada pueblo, y cuenta con la complicidad de hombres y mujeres de fe. Como Judit, que expresa uno de los elementos clave de la fe judía: Dios actúa siempre libremente, y no permite que el manipulen ni que lo utilicen para buscar seguridades. Poner Dios a prueba es uno de los peligros más serios de la fe, porque indica desconfianza y deslealtad.

Dios interviene en la historia en cada época y en cada pueblo y porque nos ama, con el sí de María y de José, en Jesús se hace carne de nuestra carne. La muerte y resurrección de su Hijo Amado nos introduce en una relación nueva y dinámica con Dios. Nos ayuda a comprenderlo Paz, que ha recibido de Dios el don de ser servidor de Jesucristo entre los paganos, ejerciendo la función sagrada de anunciar el Evangelio de Dios, para que así ellos se conviertan en una ofrenda que le sea agradable, santificada por el Espíritu Santo (Rm 15,15b-16). Pablo, llamado a ser apóstol, instrumento elegido por Dios desde las entrañas de la madre (Ga 1,5) para que dé testimonio de su nombre ante las naciones paganas y su reyes, y ante los israelitas (Hch 9,15), nos enseña que ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, que todos somos uno solo en Jesucristo (Gal 3,28). Pablo, viajero incansable, nos guía para recorrer el trayecto que nos lleva a encontrarnos con el Señor resucitado. Porque el cristiano «no nace», se va haciendo al andar conducido por el mismo Jesús que lo llama a seguirlo con una actitud de conversión constante, manteniendo un diálogo sincero y continuado con el Maestro.

Y podría seguir un largo rato más hablando de los 40 personajes que salen en este libro que hoy presentamos -patriarcas, reyes y reinas, profetas y profetisas, jueces, jóvenes cortesanos, María, la chica del pueblo abierta a la gracia y su esposo José, pescadores que se convierten apóstoles, evangelistas que dan testimonio escrito del gran «acontecimiento» de Jesús de Nazaret- todos ellos actores relevantes de esta Historia tan fascinante de la relación amorosa de Dios con la humanidad de todos los tiempos, de todos los pueblos, de todas las culturas. Pero no quisiera cansar. Me paro aquí y os invito a seguir el recorrido del libro vosotros solos, atreveros a contemplar cada una de las 40 figuras y a leer pausadamente los textos con la Biblia en la mano.

Y los promotores de este bonito proyecto estarán contentos si, acompañados por los personajes bíblicos, han logrado compartir con vosotros la riqueza cultural y espiritual de las Sagradas Escrituras, aunque sólo sea un poco.

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