Hablar de caridad no siempre es fácil, ya que muchas veces hemos banalizado su auténtico significado con frases como estas: “He hecho caridad a un pobre” o “he traído a Cáritas lo que ya no utilizo”. A menudo, caemos en la hipocresía. En realidad, si nos paramos a analizar el sentido etimológico de esta palabra, observamos que caridad viene del griego ágape, que significa donación gratuita de Dios hacia el hombre.

Hoy, día del Corpus Christi, recordamos ese momento tan entrañable en el que Cristo, en la última cena, comparte con los discípulos su Cuerpo y su Sangre. Uno darse a sí mismo por amor y qué más bonito que llevarlo a cabo en una comida! Él se dio a través de la Eucaristía y nos dejó un único mandamiento, el del amor a Dios ya todos los hombres sin reservas y condiciones. Por tanto, no se trata de deshacernos de lo que ya no queremos, ya que este amor va más allá: hay que entender la caridad como el gesto de compartir. Es entonces cuando el amor que Dios nos tiene le irradiamos hacia los demás y, al mismo tiempo, lo proyectamos hacia Dios. Ciertamente que esto no es fácil, porque aquí también debemos incluir a aquellas personas que, por cualquier razón, no nos caen bien.

Son muchas las desigualdades sociales que existen en nuestra sociedad. Sea por la pandemia, sea por un consumismo que nos deshumaniza, seguro que deberíamos integrar en nuestras vidas el concepto de austeridad, con la finalidad de que aquellos que no tienen los mínimos para vivir fueran menos pobres ya nosotros no nos habría que dar lo que tenemos de superfluo, de excedente o de innecesario.

Ante un mundo cada vez más complicado, las rendijas sociales y económicas se hacen más latentes y visibles. Ojalá entendiéramos que es ahora cuando tenemos la oportunidad de cambiar, que vivimos en unos momentos muy delicados y que depende de nuestra reacción transformar, o no, nuestra forma de ser y hacer, con el fin de mejorar la vida de los otros y, de paso, la nuestra. Los cristianos no podemos olvidar que Eucaristía es sinónimo de Comunión y esto nos lleva a repensar el significado de comunidad. Nadie puede vivir aislado o descolgado de una sociedad en la que se sienta marginado y excluido, ya que, por encima de todo, existe la dignidad humana de cada uno.

Como señala el papa Francisco a la encíclica Fratelli tutti: «Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!».

Montserrat Esporrín Pons,
Delegada diocesana para la Pastoral Social

Artículo publicado en el Full dominical del 19 de junio de 2022 (n. 3771)

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