Por estos mundos de Dios, que aparentemente parece que todo el mundo camine distraídamente como despistados, siempre te encuentras con alguien que sinceramente y en serio busca; y es que Dios trabaja a escondidas y no deja pasar la ocasión de ofrecer a los inquietos un medio para encontrarlo.

Después de una conversación de compromiso cristiano con gente joven, una chica que se ganaba la vida despachando en una parada del mercado central de la ciudad, me comentaba lo que hacía y se preguntaba cómo tenía que hacer su trabajo ganándose el pan de todos los días. Me decía: «¿Qué puedo hacer yo desde mi parada en el mercado?» Sin pensar demasiado le respondí espontáneamente: «No despaches, sirve». Y nos despedimos.

Al cabo de un tiempo nos encontramos de nuevo. Entonces me acordé de la conversación mantenida y le pregunté: “¿Cómo va la parada en el mercado?”. Con una cara amable y risueña, no exenta de algo de picardía, me dijo: «La parada se ha convertido en un confesionario». Realmente cuántas lágrimas secas, cuántas confidencias, cuántos consejos, cuántos malos entendidos reencontrando el buen camino…

Chica, Dios te ha concedido el don de saber escuchar.

Se trató de un cambio de actitud en el trabajo, convertido en un servicio amable y atento con un gran respeto por la persona que se acercaba, fruto de la sabiduría de saber escuchar cuando uno necesita ser escuchado y encuentra a alguien disponible…

Resultó que, además, en aquella parada sencilla del mercado todo el mundo que se acercaba salía con una sonrisa. Una sonrisa que siempre revaloriza el precio de un vaso de agua.

Que este bonito testigo nos ayude a todos y todas en este inicio de año.

Josep Pascual, pbto.

Artículo publicado en la Hoja dominical del 2 de enero de 2022 (n. 3747)

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