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Ahora, y desde hace tiempo, se menciona mucho la necesidad de diálogo. Pero cuando hablamos de diálogo, ¿estamos diciendo todos lo mismo? El diálogo es siempre -como dice el diccionario- una conversación entre dos o más personas. Si yo quiero dialogar, pero enfrente tengo una pared, puedo ir hablando pero lo no es un diálogo, sino un monólogo. Si en vez de una pared es una persona que hace lo mismo que una pared tampoco es un diálogo, aunque lo pueda parecer. El diálogo verdadero supone actitud y capacidad de escuchar al otro y de intentar comprender los planteamientos y los razonamientos del otro desde dentro. El diálogo no es simplemente dejar que el otro que hable y mientras hable estar afilando el cuchillo para atacarlo tan pronto como se deje hacer. Tampoco el diálogo es una táctica estratégica para hacer que el otro acepte totalmente mis planteamientos y mis razones.

Todo esto es válido aunque sólo se pretenda un sincero intercambio. Pero cuando se menciona la necesidad de diálogo, en el fondo o claramente, se está diciendo que no basta con un intercambio, por más sincero que pueda ser, sino que es necesario llegar a unos acuerdos entre partes que tienen visiones, planteamientos o razones diferentes sobre una cuestión determinada. Esto es más difícil todavía, porque para llegar a acuerdos normalmente se necesita que haya capacidad de renuncia de algo que se pretende. En el caso que nos ocupa de nuestro país cada parte debe ver al que está dispuesta a renunciar a fin de llegar a un acuerdo que sea real y no sea sólo papel mojado.

Este diálogo lo piden nuestros obispos de la Conferencia Episcopal Tarraconense en su Comunicado ante la actual situación social y política (10/14/2019). Después de invocar la vía de la misericordia, dicen que hay que devolver al único camino posible: un serio camino de diálogo entre los gobiernos español y catalán que permita ir encontrando una solución política adecuada, sabiendo que dialogar significa renunciar en parte a lo que uno quisiera para aproximarse al otro e imaginar entre todos una solución satisfactoria … hay el debate político y social respetuoso, hay el intercambio de opiniones y la búsqueda común de soluciones negociadas. Citando al Papa Francisco dicen que debemos ser constructores de puentes y no de muros.

En este mismo sentido se han pronunciado otras personas y entidades de Iglesia. En estas situaciones difíciles debemos dar testimonio de nuestras convicciones cristianas.

Miquel Barbarà Anglès, pbro.

Artículo publicado en el Full Dominical del 3 de novembre de 2019 (n. 3634)

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