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Un año más, la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias celebra el primer domingo de marzo, es decir, mañana, el Día de Hispanoamérica, esta vez con el lema «Comprometidos con la vida de los pueblos.»

El Día de Hispanoamérica es una jornada para celebrar la expresión de la dimensión universal de cada diócesis, que con las manos y el corazón de sus misioneros supera las fronteras.

Con el lema de la presente edición se explicita una buena oportunidad para recordar tanto los lazos evangélicos y misioneros que unen al continente americano y a España, como a los misioneros españoles que por su vocación se han puesto al servicio de la Iglesia y de los pueblos en América Latina.

Esta jornada misionera está especialmente dedicada a los sacerdotes misioneros Fidei Donum en América Latina, en su mayor parte encuadrados en la obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Hoy son 237 los sacerdotes diocesanos españoles que forman parte de OCSHA, que han aceptado la llamada del Señor a vivir la misión junto a los pueblos de América Latina. Representan a toda la Iglesia española, puesto que pertenecen a 54 diócesis distintas, y están presentes en 20 países.

Como es habitual, la Comisión Episcopal de Misiones ha editado la Carpeta de la Jornada de Hispanoamérica que es enviada a las diócesis para que las distribuyan por todas las parroquias. Es un precioso material didáctico que sirve para tomar conciencia de quienes van a hacer una campaña a favor de nuestros misioneros españoles en América. El material recoge una explicación del lema elegido, que como hemos significado, es el de «Comprometidos con la vida de los pueblos»; el cartel lleno de colorido como lo es el mismo paisaje de Latinoamérica y de los objetivos.

Misioneros con alma

No puede faltar el mensaje que el presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, el cardenal Narc Ouellet, ha escrito este año con motivo de la Jornada, comunicado en el que repite la expresión de ser misionero con alma: «Un misionero sufre viendo sufrir a su gente, porque no es su gente, sino la gente de Dios, un misionero sufre cuando descubre lo que el pecado es capaz de provocar en su pueblo: la división, la enemistad, el individualismo… El sufrimiento de las personas es el sufrimiento de Dios y por ello mismo es el sufrimiento de la Iglesia y de los misioneros.»

Para asumir este compromiso es la propia experiencia misionera que predispone y enseña. El cardenal Ouellet en su mensaje se dirige a los misioneros para añadir: «amáis a los pueblos a los que habéis sido enviados y en los que os habéis integrado. Esa es la actitud primera: abrazar a los pueblos con la Caritas Christi. Es conocerlos, aprender de ellos y crecer en el amor y servicio». Más adelante subraya que «Amar a los pueblos es sentirse integrados y comprometidos con sus sufrimientos y esperanzas […]. Nada peor que un misionero ad gentes que ignora y desprecia el pueblo al que ha sido enviado».

Joan Boronat, periodista
Artículo publicado en la página de religión del Diari de Tarragona el sábado día 2 de marzo de 2019

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