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El ámbito educativo se ha visto directamente afectado por la pandemia del coronavirus generando momentos de incertidumbre en las escuelas y en las mismas familias. Estos momentos de incertidumbre y de dificultades también han hecho resurgir nuevas vías de encuentro, de estudio y de trabajo.

Antoni Montserrat i Duch es el director del Colegio diocesano Sant Pau de Reus.

-¿Cómo se ha tenido que readaptar la escuela en este tiempo de confinamiento?

Una vez superada la incertidumbre de pensar cuando volveríamos al Centro, rápidamente uno piensa en cuál es la mejor manera de acompañar y ayudar a las familias y alumnos. Por lo tanto el primer ajuste ha sido mental y de aceptación de la situación.

A partir de aquí acostumbrados a un trato muy directo y diario con las familias (el alumnado tiene de 3 a 12 años) era necesario asegurar que podíamos contactar con ellas para saber cómo estaban. En este punto la tecnología, que desde hace unos años nos acompaña como elemento administrativo y de divulgación, ha adquirido rápidamente un gran protagonismo como elemento facilitador del contacto con todo el mundo. Un contacto donde el papel de todo el equipo de maestros, nuestras tutoras especialmente, tiene un papel trascendental.

Entonces hemos priorizado lo que es esencial para nosotros. Primero, como ya he dicho, el contacto humano para compartir nuestro día a día con esta segunda familia que son los compañeros de clase. Tras el hecho de retomar una rutina, un hábito de trabajo, desde la responsabilidad personal y no desde la imposición. Un trabajo bastante adaptado a las diferentes situaciones familiares que permitan hacer de las tareas propuestas un momento para compartir y aprender sin conflicto ni presión añadida. Finalmente existe una necesidad de centrarse en el ámbito lectivo en lo esencial, como de hecho ha pasado a todos los niveles de nuestra vida.

-¿Cómo se está viviendo esta situación a nivel de claustro y alumnado?

El alumnado lo vive con una cierta normalidad. Se adaptan muy rápidamente a los cambios y les afecta más o menos en la medida en que la situación de los padres es más o menos estable. Manifiestan ganas de reencontrarse y lo demuestran conectándose todos juntos el día acordado.

El profesorado lo vivimos con la responsabilidad de saber que siendo afortunados por estar bien de salud y tener un trabajo que nos apasiona debemos facilitar a los alumnos un espacio de seguridad, tranquilidad, compañía… porque como dice el papa Francisco ellos son los que tienen el futuro y por ellos entra el futuro en el mundo. Un mundo que queremos mejor.

Como maestros hemos dado un salto tecnológico importante y hemos aprendido a relativizar lo que es importante. Por otra parte, en el ámbito personal, ahora nos cuesta quizás más que antes encontrar momentos de desconexión y gestionar bien nuestro tiempo. A menudo cualquier momento del día puede convertirse en trabajo. Estamos pendientes de los correos electrónicos y nuestras plataformas educativas para hacer un buen retorno de las tareas. Filtramos mucha información y recursos que nos llegan constantemente y que siempre parecen ser el mejor para los alumnos. También nos obligamos aún más a coordinarnos con los compañeros para que nuestra organización no la forman nueve pequeñas barcas aisladas, sino un barco que actúa con visión de conjunto.

-¿Cuáles son las principales dificultades con las que se han encontrado?

Una vez priorizado el objetivo de saber al detalle la situación de todos hemos encontrado que por razones diversas tenemos un 6% de alumnos con el que no hemos podido establecer ningún tipo de contacto. Ellos son ahora una prioridad sobre los que dirigimos una especial atención.

Las familias tienen diversidad de situaciones y la escuela, a pesar de sufrir también económicamente, debe tratar de empatizar y buscar cómo puede reducir el impacto de lo que pasa sobre las familias, a fin de no ser una carga añadida. Un compromiso que como escuela cristiana que somos tenemos el deber de velar ahora y siempre.

A las dificultades sobrevenidas tenemos que el Departamento trata de reducir la brecha digital pero prioriza al alumnado de la escuela pública discriminando al de la concertada, aunque todos somos, como dicen, un servicio público de educación.

El impacto más grande, aún así, creo que lo veremos al volver en septiembre. Es un momento crítico por lo que supone de inversión en material nuevo, ropa… Será duro y tendremos que acompañar a cada uno según su realidad. No nos sorprende, pero seguro que ahora la afectación será mayor. Sin embargo queremos transmitir un mensaje de esperanza porque como dice el vídeo que hemos compartido, al final todo irá bien.

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