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Estimado amigo Pep. Me has pedido que te explique qué significa el trabajo sinodal que el Papa pide que llevemos a cabo las comunidades de la Iglesia católica.

Como sabes que yo no soy teólogo ni especialista en nada, perdona que te lo cuente a la manera de un cura de bosque. La palabra sínodo viene de la lengua griega y está compuesta de dos partes. El prefijo SÜN indica unión, armonía, compartir. Lo encontramos formando parte de muchas de nuestras palabras de uso frecuente, ejemplo decimos sin-tonía de conectar con alguien, sim-fonía de los sonidos musicales acordados, sin-ergia, de participar en un mismo proyecto, sim-patía de compartir los mismos buenos sentimientos.

ODOS es otra palabra griega, que significa camino.

Si unimos ambas partes surge SIN-ODO, (o Sínodo en catalán) que significa hacer camino juntos o caminar juntos.

La palabra Sínodo se ha utilizado mucho en los últimos años en la Iglesia católica. Las reuniones sinodales han sido grandes encuentros de obispos con el Papa para reflexionar juntos sobre importantes temas de la vida de la Iglesia universal. Desde 1967 que el Papa Pablo VI convocó el primer sínodo, esta asamblea se ha celebrado en Roma quince veces.

El papa san Pablo VI, que culminó el Concilio Vaticano II, quiso remarcar que la Iglesia de Jesús tiene la condición de pueblo de Dios en contraste con la imagen de considerarla como una sociedad regida por un pontífice al estilo de las antiguas monarquías. Por eso las asambleas sinodales han congregado a representantes de todas las comunidades católicas del mundo para orar y reflexionar juntos sobre cómo iluminar con el Evangelio los diferentes aspectos de la vida de la Iglesia en el mundo.

El próximo sínodo que propone el Papa Francisco para el próximo año, ha introducido una novedad. En vez de ser sólo una asamblea de Obispos y especialistas que se reúnen y deliberan en Roma para caminar juntos hacia el Evangelio, el Papa ha querido que antes del sínodo se hiciera una consulta a los fieles cristianos -obispos, presbíteros, religiosos y laicos de la base para ver si las iglesias particulares que anunciamos el Evangelio, realmente caminemos juntos. Y en todo caso, qué pasos deberían darse para que de verdad fuera así.

¿Tú, que eres un cristiano inquieto, quizás te preguntes por qué en tu entorno eclesial no se ha dado a conocer demasiado o nada esta petición del Papa?

Seguro que no te pasa por alto que llevamos dos años profundamente acondicionados por la pandemia y la sicosis de pandemia. ¡Cuántas actividades de todo orden (sociales, económicas, culturales, sanitarias, educativas y religiosas…) sufren sus consecuencias!

Éste es un mal momento para nuevas iniciativas ya que todos estamos muy aislados y ocupados y preocupados por cómo llevar a cabo las obligaciones ordinarias en la actual situación que propicia el estrés y el desánimo.

No puede negarse que en situaciones como ésta se suelen acentuar defectos como la inhibición del laicado y el individualismo clerical. La relación de derechos y deberes dentro del tejido social de la Iglesia tiende a desequilibrarse por la disminución o carencia de trato cercano y cordial.

En este contexto es fácil que crezcan los prejuicios. Hay quien se refugia en el pesimismo de creer que todo va a quedar igual. Hay quien es víctima de la nostalgia de un pasado que no puede volver. Y también hay quien queda atrapado en sueños carentes de realismo que conducen amargamente a la inacción.

¿Pobres de nosotros qué podemos hacer? Creo que, como todos, debemos ensayar de movernos dentro de los propios límites. Actuar con humildad evangélica con conciencia de ser –como Jesús ha diseñado su Iglesia- un pequeño rebaño, invisible como la levadura en la pasta, imperceptible y vigoroso como el grano de mostaza. Pero también sal y luz del mundo en la medida en que reflejamos claramente aquél es la única Luz verdadera. Una minoría creativa como ha dicho el papa Francisco.

Urge que estemos en comunión fraterna, que caminemos juntos y que todos los bautizados participemos como podamos, sabiéndonos corresponsables de la misión de la Iglesia.

Termino: me dirás que el mundo moderno pasa de largo de todas estas preocupaciones. Te doy la razón a condición de que prestes atención a los primeros cristianos. Piensa en San Pablo en la ciudad de Corinto, rica, refinada, sabia y aún más profundamente pagana que ahora…y después, si quieres, volvemos a hablar de ello.

Eso sí: todo este proyecto debe aliñarse con oración de la buena.

Dispone.

Blai Blanquer,
presbítero del obispado de Terrassa

Artículo publicado en la revista El Bon Pastor (n. 142 – Febrero 2022)

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