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Excelencia Reverendísima:

Al final de la celebración y antes de recibir su bendición, reitero mi agradecimiento a nuestro amado Papa Francisco y le suplico que le traslade el testimonio de nuestra adhesión a su persona y a su magisterio y le exprese el testimonio de nuestra Iglesia diocesana y de las demás Iglesias de la Conferencia Episcopal Tarraconense que, a pesar de las dificultades del tiempo presente, y, ayudados por la intercesión de la Virgen María y de tantos testimonios de la fe, de manera muy viva por el nuevo beato, queremos vivir el misterio de la Iglesia, como comunidad evangelizada y evangelizadora. Sabemos que el único camino para vivir es el de la santidad, que hemos proclamado en la beatificación de Mariano Mullerat. Agradezco a los postuladores de la Causa, a los P. Vito Gómez i el P. Gianni Festa, i a todos los que han trabajado para hacer posible que llegara este momento, de modo especial a los miembros de la Asociación que ha trabajado tanto para esta Causa.

Ante todos, hermanos y hermanas, quiero expresar con emoción mi agradecimiento a la Trinidad Santa por la beatificación de un hijo de la archidiócesis de Tarragona, el Dr. Mariano Mullerat. Es la Iglesia de Pablo y de Tecla, de Fructuoso y de los santos diáconos, con un arco de tiempo que llega hasta los gloriosos martirios de nuestro tiempo, que hoy se siente honrada y al mismo tiempo interpelada y urgida al testimonio de la fe.

Una Iglesia que preside y que tiene el honor de presidir desde tiempos antiguos la comunión de las Iglesias de la Tarraconense. En este sentido no puedo dejar de mencionar el Cardenal Francisco de Asís Vidal i Barraquer, el Cardenal de la paz, que desde el cielo se alegra de la bienaventuranza del Dr. Mullerat, él, que lo conocía y lo quería. Bendita sea su memoria.

Esta celebración quedará inscrita en la historia de esta Catedral metropolitana, pero también inscrita en mi corazón. Llegando al final de mi pontificado sólo lo puedo recibir como un regalo del Señor para vosotros y para mí. El signo del martirio ha estado presente en mi ministerio episcopal y entre vosotros (la celebración del Año Jubilar de San Fructuoso, la gran beatificación del obispo Borràs y los compañeros sacerdotes, y hoy, la del bienaventurado Mariano Mullerat) y eso me da el convencimiento de que el camino de la Iglesia en Tarragona abre el camino del testimonio de la fe. Debemos ser apóstoles pero para ser apóstoles debemos de vivir en la santidad. Este es el mensaje y la lección que aprendemos del nuevo beato.

Saludo a los Señores Cardenales, a los hermanos arzobispos y obispos y a los abades de nuestros monasterios de Poblet y de Montserrat. Que el nuevo beato nos ayude a ser fieles a guiar nuestras diócesis, aquellas bien arraigadas en esta tierra catalana, que queremos tanto. Deseamos que todo se resuelva en la paz, en el diálogo y que nadie sea víctima de ninguna injusticia. El nuevo beat enarbola sobre nosotros la bandera de la paz, del perdón y de la reconciliación.

Saludo al presbiterio diocesano, también a los diáconos, a los religiosos y religiosas, que también el beato os ayude en vuestro ministerio y en vuestra vida consagrada. Seminaristas, aprender de la fidelidad y fortaleza del nuevo beato.

Saludo a los médicos aquí presente, con el beato teneis un ejemplo para ejercer vuestra noble profesión con una exquisita humanidad. Y a todos los fieles laicos y laicas, la vida y el martirio del beato Mariano os haga descubrir vuestra vocación en la Iglesia y el mundo. La Iglesia os necesita para renovarse a sí misma y el mundo necesita vuestro testimonio. Es el mismo Señor quien os lo pide. No falláis.

Saludo con todo mi afecto a la familia del beat y participo de vuestro gozo. Ahora vuestro padre, estimadas Adela, Pepita y Montserrat, forma parte de familia eclesial en la comunión de los santos. Que el Señor por su intercesión os bendiga, sentíos bien acompañadas desde el cielo por su padre. Y recordamos muy especialmente hoy a María Dolores, la hermana mayor, que con tanta ilusión esperaba este día: estamos seguros de que lo ha visto desde la casa del Padre.

Saludo de todo corazón a los fieles de Santa Coloma de Queralt donde nació el Dr. Mullerat y a los fieles de Arbeca: tened el gozo, que un conciudadano vuestro es un mártir de Cristo. Tenerlo en un gran honor, que os ayude en vuestra fe.

Agradezco a todos los que han colaborado en esta solemne celebración, al Cabildo de la Catedral, a los responsables de los Medios de Comunicación de la diócesis, a las Delegaciones para la Causa de los Santos y de Liturgia, al Coro y orquesta de la Catedral y a los miembros de la Comisión.

Y a todos vosotros, hermanos y hermanas, que habéis asistido a la Catedral y a los que nos habéis seguido por la televisión y la radio. A todos paz y bendición. Este es mi deseo: que el bienaventurado Mariano, el beat médico de Arbeca, nos sea motivo para continuar el camino de la Iglesia con esperanza, bajo el signo de la cruz y de la resurrección.

Hermanos y hermanas, paz y bendición a la Iglesia de Dios. Que el beato Mariano, tanto de Dios y tan nuestro, nos ayude con su intercesión.

  + Jaume Pujol Balcells, arzobispo metropolitano de Tarragona

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