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Sí, quiero que recordeis que se ha revelado el amor de Dios que quiere salvar a todos los hombres y mujeres. Este anuncio nos llegó con la vida y la palabra humana de su Hijo. Este año, una vez más, y hace más de dos mil!, nos reuniremos alrededor de la mesa eclesial y de la mesa familiar para festejar su nacimiento con agradecimientos y villancicos. Mientras tanto, esperamos que se cumpla felizmente nuestra esperanza, que se manifieste la gloria de Jesucristo, Dios grande y Salvador nuestro. Él nació de María, la madre toda virgen, vivió nuestra existencia humana con plenitud de sentido, nos hizo llegar la benignidad de Dios con signos de salud y con palabras de vida, se entregó por nosotros para fidelidad y por coherencia , y, ahora, es nuestro compañero por los caminos de la historia y nuestro hermano cerca del Padre de la Gloria.

Cada año, en Navidad, miramos y escuchamos aquellos que supieron encontrar y adorar. En el camino de Betlehem, de Nazaret, de Jerusalén, de la Casa Eterna…, ellos y ellas nos dan la mano y nos acompañan. Les pedimos que nos alienten a creer, a nosotros, a menudo cansados, demasiado autosuficientes, fácilmente desesperanzados.

El mago de la mirada hita (el que ha encontrado el secreto, la sabiduría y el sentido del vivir) nos enseña a mirar el cielo, a estar atentos, a abrir nuestro interior, a mantener la cabeza bien alta, derechos y firmes en nuestra dignidad, a no dejarnos llevar por el conformismo, por la corriente del ir tirando. Que no decaiga nuestra búsqueda de la verdad, nuestra honestidad de pensamiento, el ejercicio de la reflexión detenida, el cuidado en no sacar demasiado rápidas e inseguras conclusiones. Muchos intentan enturbiar nuestra mentalidad con criterios engañosos que consideran la vida como un bien de uso privado, como un placer para la exclusiva satisfacción individual. Nosotros hemos sido hechos para ser felices y no sólo para vegetar cómodamente, conducidos por el impulso inmediato. Jesús se entregó por nosotros, para rescatarnos de la esclavitud de las culpas y dejarnos limpios. Hemos decidido que Él sea nuestra referencia definitiva, fielmente.

La pastora de ojos abiertos (la que ha gastado la vida con la generosidad y con el sacrificio propio por amor) nos enseña a encontrar la alegría del esfuerzo, de la obra bien hecha, del ejercicio de la responsabilidad como servicio, del gozo de la entrega personal gratuito. Que no nos domine el mal instinto del orgullo y de la autosuficiencia, sino que nos nazca de dentro de un estilo llano, reconciliador, positivo, fiado. Muchos nos quieren hacer creer que la fuerza es el dominio sobre los demás, la imposición de las propias ideas. Nosotros, a pesar de las limitaciones en el amor, tenemos nuestra fortaleza interior, nuestro coraje más resistente frente a los contratiempos en la donación. Jesús se entregó por nosotros, e hizo de nosotros un pueblo bien su apasionado para hacer el bien. Hemos decidido intentar pensar y actuar amando como Él, apasionadamente.

José y María, quienes miran con el corazón (ellos tienen el alma sencilla y agradecida) nos enseñan a escuchar el anuncio, a mirar las señales y a creer. Que no nos inmovilice la desesperanza: nos quedaríamos sin futuro. Que no nos esterilice el desencanto: perderíamos la felicidad interior. No podemos vivir sin futuro ni sin felicidad. No queremos ser esclavos de nada ni de nadie. Queremos ser libres interiormente frente a un mundo que intenta contentarnos con sucedáneos. Jesús se entregó por nosotros, y nos enseña a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos para vivir en este mundo una vida de sobriedad, de justicia y de piedad. La fe, clara y gozosa, adora el Hijo de Dios que es Jesús, y recibimos la fuerza de este gran Dios y Salvador nuestro, la fuerza necesaria para conquistar el futuro con las herramientas del servicio como estilo de vida, del compromiso a favor de los empobrecidos, de la austeridad como condición para la paz del espíritu, de la estimación a las personas como capacidad de transformación. Hemos decidido que la fe en Él sea el alma de nuestra persona, esforzadamente.

Los magos, los pastores, José, el hombre todo bueno, y María, la virgen toda madre, nos han acompañado hasta el hijo acostado en un pesebre. Allí nos espera Dios, mirándonos con los ojos de Jesús, escuchándonos con el corazón de Jesús, acercándonos su misericordia con las manos de Jesús, indicándonos el futuro con la palabra de Jesús. Todo lo hemos encontrado como nos habían dicho. Al verlo con los propios ojos de la fe queremos contar lo que nos han dicho de este niño, y todo el que lo oiga se maravillará de lo que les diremos.

Porque el Dios que no ha visto a nadie, nosotros lo hemos encontrado, hecho hombre como nosotros, en Jesús, el hijo nacido de María.

Josep Bofarull, pvre.
Rector de les parroquias de Maspujols y Riudecols

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